lunes, 2 de diciembre de 2013
Capítulo 37 y 38: "Volveré para Vengarme"
Holaa chicas hoy les traje capi doble porque quedo muy corto el 37 espero que les guste recuerdo d rock y todo , besis genias
CAPITULO 37:
— ¿Cómo no voy a hacerlo? Él necesitará un chivo expiatorio. De hecho, el señor Smith me dijo hace unos días que era mejor que tú y yo encontráramos un buen agujero para escondernos cuando supiera la verdad.
—Bueno, supongo que yo podría comprar la pala —comentó Emilia con una sonrisa—. Eso si tú me ayudas a cavar.
—Mientras Pablo esté lo suficientemente bien como para arrojarnos a las dos dentro —replicó Lali riendo—, no me importa.
—Claro que no.
Dejaron a Emilia en su casa y, a continuación, se dirigieron a la de Lali.
— ¿Cómo está? —le preguntó el guardaespaldas, cuando Ian estuvo sentado delante de la televisión viendo un programa educativo.
—Su estado es crítico, pero sobrevivirá. Entré en la UCI y le desafié a que me dejara hacerme con su empresa. Creo que eso le hizo reaccionar. Cuando nos marchamos, estaba luchando.
—Buen incentivo.
—Espera hasta que recupere el conocimiento. No me gustaría estar cerca de él entonces. Y su madre va a sufrir las consecuencias.
—No has conseguido olvidarlo, ¿verdad? —le preguntó el señor Smith.
Lali se dio la vuelta, negándose a responder.
—Necesito dormir unas horas. ¿Te importa llamarme sobre las cinco?
—Claro. Yo cuidaré del niño. Por cierto, Vico ha llamado.
— ¿Le dijiste lo de Pablo?
—No. Eso es asunto tuyo.
—Me gusta tu sentido de la lealtad, señor Smith — comentó ella con una sonrisa.
—Yo trabajaba para Nico, no para su hermano. Además, Vico está tramando algo.
—No estoy ciega —replicó ella—. Llevo semanas escuchando retazos de conversación y he descubierto muchas cosas la última vez que he estado en Chicago. Sé lo que está tramando. Está negociando a mis espaldas. Cuando esté más despierta, voy a comprobar esos poderes. Si está tratando de negociar con Pablo, tendrá que tener firmes promesas de apoyo para su posición. — ¿Crees que hablará alguno de sus contactos? —La mayoría no se atrevería. Sin embargo, el tío abuelo de Pablo es un hombre de palabra y lo hará. Siente simpatía por mí.
El señor Smith sonrió ante el aspecto que ella tenía, aun estando mal peinada y medio dormida.
—No lo culpo. A mí también me gustas. —Eso jamás le ocurrió a Pablo —comentó Lali, frunciendo el ceño—. Me deseaba. Estaba obsesionado conmigo, pero no me conocía de verdad. Yo sé más sobre tu pasado que sobre el de él. No creo que jamás habláramos de nada personal.
—Hace seis años eras una persona muy diferente.
—Sí. Efectivamente, ya no soy la mujer que él recuerda. Me pregunto si se ha dado cuenta.
—Dale tiempo y lo hará.
—Espero que tenga tiempo. Espero que pueda volver a caminar.
—El tiempo lo dirá.
—Sí.
Lali subió la escalera. Estaba muy cansada. Sin embargo, cuando se tumbó en la cama y trató de dormir, los recuerdos se lo impidieron.
La primera vez que hicieron el amor, Pablo la había llevado a montar a caballo al rancho familiar, que estaba en las afueras de la ciudad. A Emilia no le parecía lo suficientemente aceptable para vivir, pero a Pablo le encantaba. Lali había conocido a Emilia Inchausti de Arrechavaleta aquella mañana, en la mansión que la familia tenía en Billings. La mujer se había mostrado inmediatamente fría y hostil.
Había dejado muy claro que no tenía ningún interés por una de las muchas chicas con las que salía su hijo y no había dejado pasar la oportunidad de mencionar que, aquella noche, su hijo tenía una cita con una muchacha de buena familia.
CAPITULO 38 (SIGUE RECORDANDO)
El incidente le había provocado un mal sabor de boca a Lali. Había
empezado a sospechar que ella no era la única chica para Pablo y sabía que no podía competir con una chica de la alta sociedad. No tenía ni la educación, ni las ropas ni el dinero. Lo único que tenía era un cuerpo que él deseaba. Sin embargo, si se lo daba, podría ser que no volviera a verlo después. No sabía qué hacer.
Pablo había atado los caballos a unos árboles y había llevado a Lali a la orilla de un arroyo que partía en dos la finca. Él iba vestido con unos vaqueros, como ella, una camisa de franela y un sombrero. Lali completaba su atuendo con una blusa de color rosa. Era verano y hacía mucho calor. Estaban a una gran distancia de la casa o
de cualquier lugar habitado.
—Pensé que me habías dicho que éste era un rancho muy pequeño —murmuró secamente Lali, sonriendo al ver cómo él se apoyaba sobre un árbol con el sombrero en los ojos.
—Es pequeño, cielo —dijo él—. Comparado a los ranchos que suele haber en Montana, la tierra cabe en un dedal.
—Pues a mí me parece muy grande.
Se rodeó las piernas con los brazos y apoyó la barbilla sobre las rodillas. El viento le alborotaba el cabello. De repente, notó que la mano de Pablo se lo agarraba y tiraba de ella hacia atrás, de modo que la hizo caer al suelo. Entonces, colocó una pierna sobre las de ella y la miró con sus relucientes ojos verdes.
Era como un sueño para ella... Olía la cara colonia que él llevaba, el del cuero... Era alto y fuerte. La presión de aquella pierna sobre las de ella era muy íntima, como el modo en el que el torso aplastaba los pechos.
A Lali le encantaba aquella postura. Le encantaba él. Llevaba días deseando que él la tocara pero Pablo había mantenido las distancias. Aquella era la primera vez que estaban cerca y eso provocaba que el cuerpo le vibrara de un modo muy peligroso.
Pablo estaba sintiendo algo parecido. Ya no podía contener más el deseo. La necesitaba. Lali se mostraba sumisa y dulce y era lo suficientemente mayor como para saber lo que quería. No había razones para seguir conteniéndose.
—Llevo días esperando esto —dijo él con voz ronca—. ¿Tienes miedo de mí, Lali?
—No. No te tengo miedo —susurró ella, a pesar de que sí estaba asustada. Jamás había conocido la pasión de un hombre y, en la postura en la que estaban en aquellos momentos podía sentir la fuerza de la erección de Pablo contra la pierna.
Se le ocurrió que algunos hombres debían de estar más generosamente dotados que otros y sintió un momento de pánico al preguntarse si podría acogerlo dentro de su cuerpo, dada su falta de experiencia. Pablo no sabía que ella era virgen, porque Lali le había hecho creer algo muy diferente. Pensaba que tenía veinte años, cuando sólo contaba con dieciocho. Tantas mentiras...
Pablo se inclinó sobre la boca de ella e hizo que se abriera con su lengua
—Muy suave —susurró—. Y dulce como el azúcar.
La lengua se introdujo hasta los más oscuros recovecos de la boca de ella con un lento y sensual ritmo que produjo un extraño efecto en el cuerpo de Lali. Los pezones se le irguieron y sintió una cálida humedad entre las piernas. Poco a poco, la larga pierna de Pablo se fue colocando entre las de ella y comenzó a moverse con el mismo ritmo que la lengua. De repente, la tortura se detuvo. Instantes después, él le quitó la blusa y el corpiño y la boca se prendió en un seno desnudo con una ferocidad que la llenó de un profundo placer.
Lali no tuvo tiempo de avergonzarse porque él le viera los senos desnudos. Se vio sumergida en una pasión tan profunda en la que no importaba nada más que el placer que Pablo le estaba proporcionando. Después de eso, todo se fundió en un puro éxtasis. Pablo los desnudó a ambos casi sin que ella se diera cuenta. Entonces, mientras la miraba el rostro y los ojos, la penetró con un único y furioso movimiento.
El agudo dolor que Lali experimentó se vio superado por el increíble placer que experimentó con la penetración. A pesar de todo, notó que no podía acogerlo por completo dentro de ella.
—Dios, eres virgen —susurró él.
Sin embargo, los involuntarios movimientos de Lali desataron su deseo con una fuerza casi explosiva. Empujó hasta completar su satisfacción, apenas lúcido como para agarrarle las caderas y moverla al mismo ritmo que él. Alcanzó el orgasmo casi inmediatamente y gruñó de placer al escalar las laderas del placer más completo que había experimentado jamás. Tembló contra el cuerpo de Lali durante una eternidad y, de repente, se relajó y cayó encima de ella, cubierto de sudor.
—Lo siento —musitó. Con la boca, notó que ella tenía los ojos húmedos, pero sonrió, pensando que las lágrimas eran porque no la había satisfecho. Le mordisqueó suavemente la boca—. Esta vez te esperaré, pequeña.
Y así fue. La segunda vez, la besó y la acarició de un modo que ella sólo había podido imaginar. El cuerpo empezó a arderle antes de que la estrechara contra su cuerpo y empezara a transportarla a un éxtasis impensable. Lali gritó de placer, porque éste era tan terrible que le pareció estar a punto de morir.
Cuando terminaron, él la abrazó durante un largo tiempo. Lali tenía la
mejilla contra el húmedo y velludo torso de Pablo mientras él se fumaba un cigarrillo. No se vistieron porque no había necesidad. El disfrute de Pablo por la desnudez de Lali era evidente. Se terminó el cigarrillo y permaneció mirándola, como si estuviera viendo
en ella una belleza que jamás había pensado experimentar. Lali no se mostró avergonzada. El placer que había encontrado había terminado con todas sus inhibiciones. Su primera vez había sido maravillosa.
La besó con una lenta ternura y la ayudó a vestirse. Aquella había sido la primera de muchas tardes y noches de pasión. Pablo jamás hablaba de sus sentimientos ni hacía promesas. En su ingenuidad, Lali asumía que él había dado por sentado que se casarían, dado que ella se le había entregado. No sabía que Pablo sólo deseaba su cuerpo y no una vida juntos.
Le tocó llorar cuando, después de que él la llevara al ático y se pasara la tarde haciéndole el amor tras visitar el campo de batalla de Custer, le acusó de haberla convertido en su amante, de avergonzarse de ella y de hacerla sentirse barata. Tal vez la conciencia había empezado a molestar a Pablo porque le dijo que se casarían si eso era lo que ella quería. Sin embargo, no lo dijo de corazón ni mencionó anillo alguno. No quiso pronunciarse en una fecha a pesar de que la llevó a su casa y le dijo a su madre que Lali y él estaban pensando casarse. Emilia murmuró algo y se marchó de la sala. Pablo le prometió que su madre cambiaría de opinión y la llevó a su casa.
Tres días más tarde, por la mañana temprano, Emilia la telefoneó y le pidió que fuera a la casa. Incluso le envió un coche. Sus esperanzas se desvanecieron pronto, cuando entró en la casa y se
encontró a una fría Emilia esperándola.
— Sé que estás embarazada, pequeña vagabunda — le susurró Emiilia con furia—. Sin embargo, no te va a servir de nada decírselo. Vas a tener que romper con él.
Entonces, acompañó a la asombrada Lali a otra sala. Pablo estaba dentro, acusándola con la mirada. Peter Bedoya, que trabajaba para Pablo, estaba también
presente. Lali, que sentía simpatía por Peter, le dedicó una sonrisa. No había hablado nunca con él, pero había ido en algunas ocasiones al café en el que trabajaba.
Aquella sonrisa ayudó a colocarle la soga alrededor del cuello.
Con voz fría, Emilia comenzó las acusaciones contra ella. Ella había
ayudado a Pater a robar una caja fuerte que Pablo tenía en su despacho. Lali había estado allí con frecuencia y había visto cómo Pablo la abría. Empezó a palidecer al darse cuenta de que estaba condenada de antemano.
Trató de protestar, pero Pablo la hizo callar con una brusca voz que le causó tanto impacto como la bala de una pistola. Emilia repasó el robo con pelos y señales e implicó a Peter en la conversación. Él dijo que Lali le había ayudado a entrar en el despacho de Pablo con
una llave maestra que habían realizado tomando una impresión en cera de las llaves que Pablo tenía en el bolsillo. Además, añadió que Lali y él habían tenido relaciones íntimas en muchas ocasiones, cuando Pablo estaba fuera de la ciudad.
Emilia no le dio oportunidad a Lalih de defenderse. Reveló la edad que la joven tenía en realidad, operando que Pablo no supiera la verdad y explicó que Lali había estado presumiendo en el café del novio tan rico que tenía y de cómo iba a camelarlo para casarse con él. Cuando Lali trató de defenderse, Pablo la interrumpió con los ojos llenos de furia y los puños apretados por la rabia y los celos. Le dijo que no era más que una zorra y que quería que saliera inmediatamente de su vida y que se llevara a su amante con ella. Además, prometió que iba a hacer que la arrestaran por robo para que se pudriera en la cárcel.
Por fin comprendió qué habían significado las amenazas de Emilia Aunque le dijera a Pablo que era inocente, él jamás la creería. Ni siquiera se atrevió a decirle lo del niño porque seguramente pensaría que era de Peter. ¿Cómo podía haber sido tan cruel Emilia con alguien a quien no conocía? Salió huyendo. Le dolía tanto que Pablo hubiera creído todas aquellas mentiras...
Antes de que pudiera salir por la puerta trasera, Emilia la alcanzó y le colocó un puñado de billetes en la mano para que se marchara de Billings. Prometió contener a Pablo para que pudiera escapar, pero tenía que recibir la promesa de que jamás regresaría. Si lo hacía, la arrestarían con toda seguridad. Lali estaba histérica y asustada. Tenía miedo de que Pablo llamara a la policía.
Decidió que tenía que huir. Dejó que la limusina la llevara a su casa y allí, no le dijo nada a su tía. Se limitó a darle un beso y a recoger sus cosas. Prometió que escribiría muy pronto y que lo explicaría todo. Antes de marcharse, envolvió los regalos de Pablo y el dinero que Emilia le había dado en un paquete y le pidió a su tía que se lo enviara a Pablo. Entonces, se marchó a la estación de autobuses y tomó el primero que se marchaba, que casualmente se dirigía a Chicago.
Allí, el destino le tendió una mano y le cambió la vida. Abrió los ojos y miró el techo. El círculo se había completado. Su vida había empezado allí y terminaba allí. Tal vez Pablo no volviera a caminar. Eso no importaba, porque ella lo hubiera aceptado de cualquier manera, pero la amargura y el remordimiento eran pobres cimientos para una relación. La pena lo era aún peor.
Cuando él volviera a estar bien, ella podría empezar a enfrentarse a sus sentimientos. Además, estaba Ian. No sabía cómo iba a reaccionar Pablo al saber que tenía un hijo. Podría ser que culpara a Emilia y a ella o que se culpara a sí mismo por aquellos seis años de la vida de Ian que se había perdido. También existía la posibilidad de que, fiel a lo que había dicho de no querer niños, rechazara a su hijo por completo.
Lali cerró los ojos y trató de relajarse. Tendría que enfrentarse a aquellos problemas cuando surgieran. Mientras tanto, era Mar Tennison y no podía dejar de trabajar sólo porque tuviera los nervios destrozados. Tenía trabajo que hacer. El trabajo le hizo pensar en Vico. Frunció los labios y sonrió. Su cuñado estaba tratando de hacerse con la empresa de su hermano y con la de Pablo al mismo tiempo.
Bien. Tal vez Vico tenía derecho a quedarse con Tennison International, pero no iba a conseguirla sin tener que luchar. Si el desafío era lo que iba a conseguir que Pablo se levantara para pelear, lo mismo le ocurría a ella. De repente, se sintió preparada para afrontar todo lo que el destino le pusiera en su camino. En silencio, dio las gracias a Nicolas, quien le había enseñado cómo salir adelante.
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que lindo momento que compartieron Lali y Emilia por un segundo!!!! me gusto pero eso no quita lo mal que se porto Emilia!!!! Y QUE LINDO RECUERDO DE LALI Y PABLO... Ameee el cap y ya quiero massssss!!!! Espero q subas pronto... besos q estes bien!!!! :D
ResponderEliminarBuenos recuerdos ,para ella si k fueron importantes.Quizás también para Pablo ,pero aún no tiene la oportunidad.Espero k no la odie ,y menos k quiera sacarle a Ian.
ResponderEliminarBien ahí Lali al contraataque d Vico,kse prepare este.