jueves, 26 de diciembre de 2013
Capítulo 47 ,48 y 49: "Volveré para Vengarme"
Holaa chicas espero que hayan pasado una hermosa navidad, pensaba dejarles doble capi, pero les dejo tres por fiestas jajai y tambien por la pequeña demora, gracias por comentar siempre me encanta leer lo que piensan, besos
CAPITULO 47
Lali estaba tumbada sobre el cuerpo de Pablo cuando se despertó. Notó la mano de él sobre la base de su espalda y algo muy incómodo contra el vientre. Se movió ligeramente, sólo para descubrir que estaba completamente tumbada sobre el cuerpo de él.
—Pablo —murmuró.
— ¿Qué? —susurró él.
—Tengo que levantarme. Esta postura no es buena para tu espalda.
—Es genial para otras partes de mi cuerpo. Quítate los pantalones y ayúdame a liberarme de esto —la animó, moviéndose insinuantemente debajo de ella.
—No —replicó ella—. Hasta que estés bien no.
— ¿Y si no me pongo bien? —Le espetó Pablo—. A pesar de los ejercicios, casi no me puedo poner de pie...
—Tienes que darte tiempo —susurró ella, inclinándose sobre él para besarle los labios—. Ahora, deja que me levante antes de que te hagas más daño.
—Te necesito —susurró él, agarrándola con fuerza—. Dios...
Tembló tanto de deseo como de dolor. Lali se sintió culpable, pero no se atrevió a permitirle que hiciera lo que deseaba realizar. Era un riesgo demasiado grande.
—Hace... semanas. Semanas desde que te tuve por última vez. ¿No lo comprendes? —suspiró Pablo.
—Lo comprendo muy bien, pero no podemos.
Se inclinó para besarle suavemente los ojos cerrados, la nariz, los pómulos y la boca.
—¿Qué estás haciendo?
—Besándote para que te cures. ¿Te importa?
Pablo sonrió y abrió los ojos.
—No, no me importa.
Ella le mordisqueó la boca, la barbilla y dejó que sus labios se le deslizaran hasta el torso de Pablo.
—Aquí —dijo él, guiándole los labios hasta un pezón.
Lali sonrió al recordar cómo le había excitado siempre que ella le hiciera eso. Sin embargo, sabía que estaba jugando con fuego y que debería parar antes de excitarlo aún más. Se incorporó sobre la cama.
—Lo siento. Creo que he empeorado la situación.
—No creo que pudiera hacerse mucho peor —susurró él, resignado—. Necesito algo, cielo.
—Te traeré un poco de agua —se ofreció ella.
Se levantó y se dirigió al cuarto de baño para llenarle un vaso de agua. Se lo entregó junto a la medicina y esperó que él se lo tomara. Cuando terminó, vio que él estaba muy pálido y se preguntó si el dolor sería buena señal.
—No me mires tan preocupada —murmuró—. No me voy a morir.
—No me gusta verte sufriendo.
—Ya te dije lo que necesitaba, pero no has querido aliviarme.
—No tienes la espalda para algo así.
—Supongo que no —susurró él haciendo otro gesto de dolor
.
—Lo siento. ¿Quieres comer algo o prefieres esperar a que la medicina haga efecto?
—Beicon y huevos —murmuró—. Galletas con mantequilla y café con leche y azúcar.
—Eso es un cambio.
—He cambiado —afirmó él riendo—. Por primera vez en mi vida, sé lo que quiero—añadió. Le tomó la mano a Lali y tiró de ella hasta que se volvió a sentar sobre la cama—. Has dormido entre mis brazos. Es la primera noche que he dormido bien desde que me ocurrió el accidente. Me desperté en una ocasión y te vi. a mi lado. Quería despertarte y hacer el amor dulcemente en la oscuridad...
—Ya sabes que aún no puedes realizar esa clase de ejercicio —respondió ella, sonrojándose.
—Con la mente sí que puedo —dijo. Entones, se frotó la mejilla con los nudillos y comprobó que la barba le había crecido mucho—. ¿Cómo voy a ir a trabajar en este estado? —preguntó, de repente con un gesto muy duro en el rostro.
—Toma el teléfono y échales una buena charla a tus directivos por haberme dejado que consiga esos poderes —comentó ella, recordándole deliberadamente que estaba tratando de hacerse con la empresa.
—Los recuperaré —prometió.
—Cuento con ello —susurró ella. Entonces, le acarició suavemente la barbilla—. Oh, Pablo, eres más hombre sin el uso de tus piernas que la mayoría de los hombres con ellas, ¿es que no lo sabes? Sin embargo, esto no va a ocurrir. Estás más fuerte cada día. Los ejercicios te están ayudando.
— ¿Vas a quedarte hasta que me ponga bien?
CAPITULO 48
— Sí —contestó ella, sin dudarlo ni pensar en las consecuencias.
— ¿Y tu empresa? ¿Y tus obligaciones?
—Vico se está ocupando de todo. Yo me mantengo al día con el resto gracias al teléfono y al ordenador. Es como si me estuviera tomando unas semanas de vacaciones.
—Por tu aspecto te vendrían bien. Mi madre me ha dicho que no te has apartado de mi lado desde que me ingresaron.
—No tenía nada más que hacer y tú necesitabas cuidados. Tu madre no podía hacerlo sola.
—No la perdonaré...
—Claro que sí. Ahora, túmbate y descansa. Iré a por tu desayuno.
Antes de que pudiera marcharse, Pablo la tomó entre sus brazos y tiró de ella para besarla. Lo hizo apasionadamente con una necesidad febril.
—Te deseo...
—Yo también te deseo. Ahora, cierra los ojos y trata de descansar.
Pablo la soltó con un suspiro.
—Pensé que disminuiría a lo largo de los años —musitó, recorriéndole el cuerpo con los ojos—. Se hace peor.
—Eso es lo que ocurre con las adicciones hasta que se toma la cura —repuso ella.
—Tú no eres una adicción —afirmó él, molesto por aquella insinuación—. Tú lo eres todo.
Lali se sonrojó al escuchar aquellas palabras. Sabía que Pablo estaba herido y que ella lo estaba cuidando. Tal vez no era nada más que gratitud. El pasado le había enseñado a no confiar en él. Aquello no debía cambiar.
—Volveré dentro de unos minutos.
Se marchó sin decir nada más. Pablo apretó el puño y golpeó el colchón de pura impotencia. Lali no estaba dispuesta a ceder. Era dueña de sí misma y tenía una seguridad que lo ponía nervioso. En el pasado podría haberla hecho suplicar con sólo tocarla. En aquellos momentos, ella podía marcharse de él sin mirar atrás. Sabía que ella lo deseaba, pero esperaba mucho más. Los años que había pasado sin ella habían sido un infierno de soledad y angustia. Incluso en aquellas circunstancias, era una bendición volver a tenerla a su lado. A ella y al hijo que le había dado. Gruñó al recordar los años que se había pasado sin él. Una vez más, maldijo a su madre por lo que le había dicho.
Habría sido capaz de arrojar a su madre de la casa, pero, desde su accidente, parecía otra mujer. Menos fría y menos arrogante. Desde que el niño estaba en la casa, reía. Era una mujer completamente diferente. Consideró también el cambio que se había producido en Lali. Ella era todo lo que él deseaba. No podía consentir que volviera a marcharse. Tenía que mantenerla a su lado, tanto si su espalda sanaba como si no, porque ya no estaba seguro de que
pudiera vivir sin ella.
Sin embargo, no estaba seguro de tener nada que ofrecerle. A pesar de la fisioterapia, casi no podía andar. Se maldijo y se juró que no sería jamás objeto de pena. Antes de eso, sería capaz de volarse los sesos. Como no estaba dispuesto a hacerlo para no perder a su hijo para siempre, decidió que tendría que volver a andar. No le quedaba otra salida.
Lali se dirigió a la cocina, donde Ian, Emilia y el señor Smith estaban preparando el desayuno.
—La cocinera tiene hoy el día libre —dijo Emilia con una sonrisa—. Lali ¿sabes hacer galletas?
—Por supuesto.
Se puso a trabajar mientras el señor Smith freía beicon, Emilia preparaba huevos revueltos y Ian colocaba las servilletas encima de la mesa.
— ¡Esto es muy divertido, mamá! —exclamó Ian muy emocionado—. Esta señora dice que puedo jugar con los soldaditos de su hijo después de desayunar.
—Pablo solía tener unos de plomo —explicó Emilia—. Están en una caja. Si no te importa, me pareció que Ian podría quedárselos.
— Claro que no —respondió ella. Entonces, siguiendo un impulso, le extendió a su hijo una servilleta y un tenedor—. ¿Te gustaría llevárselos a Pablo?
— ¿Al hombre de la cama?
--- Sí.
—Muy bien —afirmó el niño, saliendo corriendo de la cocina.
Emilia miró a Lali con gesto preocupado.
—Confía en mí —repuso Lali—. Todo va a salir bien.
—Ha dicho muy poco sobre Ian —comentó la mujer.
—Siente curiosidad por él —observó Lali—. Quiero que Ian conozca a su padre, Emilia
—Entonces, ¿se lo vas a decir?
—Sí. Tiene derecho a saber la verdad. No puedo negarle su familia y sus verdaderos antepasados.
Emilia se mordió el labio. Lali vio una gran angustia reflejada en sus ojos. Algo la estaba atormentando. El señor Smith, que siempre era muy sensible a los cambios de tensión, terminó de preparar el beicon.
—Tengo que ir a por gasolina —dijo—. ¿Estaran bien el niño y tú hasta que yo vuelva?
--- Sí.
Inmediatamente, el señor Smith se marchó de la cocina, dejando solas a las dos mujeres.
— ¿Qué es lo que pasa? —Le preguntó Lali a Emi—. ¿Quieres hablar al respecto?
—Eres muy perspicaz —respondió Emilia, retorciéndose las manos—, ¡Qué ironía que yo pueda hablar de mis problemas contigo, cuando yo soy la causa de la mayoría de los tuyos!
—Eso es ya pasado. Cuéntame.
Las dos mujeres se sentaron. Emilia dudó durante un instante.
—Tengo que contarte por qué te obligué a marcharte —dijo—. Pablo no sabe nada de mi pasado. Jamás le he contado la verdad. Yo... Yo siempre creo que he hecho lo mejor con él, pero... Parte del problema de Pablo es que no cree en la fidelidad. Cree que su padre y yo estábamos profundamente enamorados, pero que su padre no podía serme fiel. ¡A mí no me importaban las aventuras de Frank! Dios mío, ni siquiera podía soportar que me tocara y él lo sabía. Cuando murió, fue casi un alivio. Era un hombre sin escrúpulos, avaricioso y egoísta. Un seductor empedernido. Yo crecí rodeada de una terrible pobreza. Peor que la tuya. Mi madre se prostituía cuando estaba lo suficientemente sobria. Mi padre... Ni siquiera sé quién fue. Y tampoco estoy segura de que mi madre lo supiera. Me quedé embarazada a propósito del hijo de Frank para que él tuviera que casarse conmigo.
Era el mejor amigo del hombre del que yo estaba verdaderamente enamorada, pero mi soldado era un indio Crow y él vivía en una pobreza casi tan profunda como la mía. Se marchó a la guerra odiándome por lo que yo había hecho, por haberle traicionado con su amigo. Jamás le dije que me aterrorizaba ser pobre el resto de mi vida. Me casé por dinero y me lo gané. ¡Jamás amé a Francisco
Arrechavaleta! ¡Jamás! Su amigo era mi mundo. Una de las razones por las que me opuse a que Pablo estuviera contigo era por tu tío abuelo. No podía soportar los recuerdos y había personas en la reserva que aún recordaban lo que yo le hice al hombre que amaba, cómo lo traicioné por ser rica. Temía que Pablo se pasara en la reserva el tiempo suficiente como para enterarse de todo...
—Entiendo —susurró Lali. Sentía escalofríos por todo el cuerpo.
—Si tú te hubieras casado con Pablo, tu tío se habría convertido en parte de nuestra familia. Él... él conocía al hombre al que yo amé muy bien. Te evité porque te tenía miedo. Me aterraba que alguien pudiera recordar los días en los que yo solía ir a la reserva ante de casarme con Fran...
—Yo jamás me imaginé...
—No se lo puedes decir a Pablo. Él no puede saberlo.
— ¿Por qué?
CAPITULO 49
—Porque eso le dará una razón más para odiarme. Llevo viviendo toda mi vida con esta carga. Ya le he hecho mucho daño. ¡No podría soportar que él supiera lo de su abuela!
—Emilia... ¿acaso no sabes que el amor lo perdona todo? No se deja de amar a la gente por sus carencias. Se los ama a pesar de ellas. El amor no es condicional. ¿Cómo es posible que hayas vivido tantos años sin comprenderlo?
— ¿De verdad crees que Pablo me perdonará? He cometido tantos errores...
— Podrías tratar de explicarle por qué lo hiciste. Creo que Pablo te sorprendería. Le podría suponer una gran diferencia saber cómo fue tu infancia y la verdadera razón de tu matrimonio. Ahora, anímate —añadió, levantándose para darle un beso a Emilia en la mejilla— . ¿Por qué no terminas de preparar esos huevos mientras yo saco las
galletas del horno?
Emilia se sonrojó. Miró a Lali y sonrió.
— Ahora me siento mucho mejor. Gracias. Sabes cómo convencer a la gente.
—Mi junta de accionistas estaría seguramente de acuerdo contigo. Espero que Ian no esté saltando encima de la cama de Pablo
—Estoy segura de que Pablo no se lo permitiría —comentó ella mientras servía los huevos—. Dicen que la confesión es buena para el alma. Debe de serlo, porque me siento mejor de lo que me he sentido desde hace años.
Mientras las dos mujeres hablaban de Pablo, él estaba observando cómo su hijo colocaba meticulosamente los cubiertos y la servilleta sobre la mesilla de noche. Sonrió al ver que el niño fruncía el ceño con un gesto muy similar al suyo.
— ¡Ya está! —Exclamó Ian por fin—. Mi mamá está preparando galletas. ¿Te gustan?
—Mucho —respondió Pablo.
Ian se acercó un poco más a la cama y observó a Pablo con abierta curiosidad.
—Te pareces a mí —dijo.
—Sí. ¿Te gustan los caballos? —le preguntó para cambiar de tema.
—Sí, pero nosotros no podemos tener un caballo. Vivimos en la ciudad.
— ¿Tienes alguna mascota?
— Sólo a Tiny. Quería tener un perro, pero mi mamá me dijo que tendríamos que esperar hasta que yo fuera un poco mayor. Tu mamá me ha dicho que puedo jugar con tus soldaditos de juguete. ¿Te parece bien?
--Claro.
—Supongo que tú no querrás jugar también, ¿verdad?
—Tal vez.
— ¿De verdad? —preguntó el niño muy contento.
--- Sí.
— ¡Iré a por ellos!
—Espera un minuto —le dijo Pablo, riendo—. Vamos a desayunar primero. Estoy muerto de hambre.
—Muy bien. Te pareces a mi mamá.
— ¿Quieres desayunar aquí conmigo?
— ¿Me dejas?
Pablo se sintió muy alegre. A su hijo le gustaba su compañía.
—Si tú quieres, claro que sí. Sin embargo, es mejor que se lo consultes primero a tu madre.
—A ella le caes muy bien —confesó el niño—. Lloró cuando dijeron que tú estabas en el hospital. ¿Está enamorada mi mamá de ti?
Al escuchar aquella pregunta, Pablo sintió que algo se despertaba dentro de él porque conocía la respuesta como si la tuviera grabada en el alma.
—Sí, mucho. ¿Te importa?
—Bueno, supongo que no. ¿Te caigo yo bien?
--Oh, sí.
—Entonces, está bien. Ahora, iré a decirle a mi madre que voy a desayunar aquí.
—No le digas de lo que hemos hablado.
—Muy bien.
Pablo se recostó contra los almohadones, vibrando con las nuevas sensaciones. Lali lo amaba. No estaba seguro de cómo lo sabía, pero estaba convencido de ello. Cerró los ojos y pensó que, pasara lo que pasara, al menos le quedaba aquello. Ian regresó minutos más tarde seguido de Lali. Ella llevaba una bandeja con dos platos, leche y café. Parecía muy divertida.
—Ian dice que no te importa que tome su desayuno contigo.
—Es cierto —afirmó él. Se bajó de la cama para sentarse en su silla. Al darse cuenta de que los ejercicios estaban ayudando, lanzó un suspiro.
— ¿Te duele la espalda? —le preguntó Ian.
—Sí, hijo —respondió él sin pensar......
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Holaa percha!!! :D
ResponderEliminarque lindo cap, menos mal que me avisaste que eran 3 cap porque de lo entusiasmada que estaba pense que eran dos nomas jajjaja
me encanto el cap!...
ian se parece a pablo además de ser muy inteligente que ya se dio cuenta que se parecen y esta feliz de que su mamá esta enamorada de él jajaja que lindo....
me muero de ternura con pablo y su hijo :D
y siendo sincera cosa que me caracteriza jajaja no me importa la historia de emilia! cuando ella habla yo salteo esa parte un Jum para ella sigo enojada con emilia! jajajaj
esta demás decirte que me encanta los momentos pablali!!!
lo único que no me gusto fue 2 cosas (acá vienen las quejas para no perder la costumbre) jajajaj
1) Sabía que Pablo estaba herido y que ella lo estaba cuidando. Tal vez no era nada más que gratitud
que es eso de imaginarse las respuestas! jum! que pregunte y busquen respuestas en vivo y en directo jajajaj
2) por como termino el cap ya me veo venir leer cap sobre nicolas jum!
jajaj más alla de esas dos quejitas me encanto el cap y como te dije ya me da miedo porque te conozco percha! y que esten tan bien es como raro jjaja :p..
bueno percha espero super ansiosa el proximo cap!... :D
mañana seguro subo cap... yo igual te mando un msj avisandote..
te mando un beso grosa!!!!
Buenos caps ,pero no tenías tiempito para una línea más al menos ,jajajaja.
ResponderEliminarIan es muy perceptivo.