domingo, 13 de octubre de 2013
Capítulo 24: "Volveré para Vengarme"
Holaaa a pedido de Jess les dejoo un nuevo capi, espero que pronto se pongan al dia asi puedo subir mas capis , mas seguido, besos
Pd: Fer te sigo esperando jajaj
CAPITULO 24:
—Es domingo —dijo Pablo con un gesto de crueldad en los labios—. No vas a la iglesia —añadió. Evidentemente, él sí que había estado porque iba muy elegantemente vestido con su sombrero vaquero y botas.
— ¿No está tu madre contigo?
—No. La mandé a casa con una de sus amigas. ¿No me vas a ofrecer una taza de café? —le preguntó con un gesto de pura malicia.
—Café es lo único que tengo —replicó con voz firme, a pesar de que las rodillas le temblaban—. Entra.
Pablo tomó asiento mientras ella se ponía a preparar el café. Al final, puso dos tazas en la mesa.
— ¿Estás buscando algo? —preguntó, al ver que Pablo no dejaba de mirar a su alrededor.
—En realidad no. Eres una buena ama de casa. Siempre lo fuiste. Julia te enseñó bien.
—También me enseñó cómo cocinar. Pareces muy cansado —dijo ella, tras mirarle más atentamente al rostro.
—No puedo dormir —respondió él con una amarga sonrisa—. No hago más que pensar en ti.
—No es más que deseo —afirmó ella, apretando los dientes—. Nada más. Ya lo sabes.
Pablo lanzó un suspiro. Entonces, sacó un paquete de cigarrillos y encendió uno. Entonces, se guardó el encendedor rápidamente, pero Lali lo reconoció. Era uno que ella le había regalado mientras estuvieron juntos hacía seis años. Era muy barato, porque entonces no tenía mucho dinero. Resultaba sorprendente que siguiera
utilizándolo, aunque no fuera consciente de su significado.
—Aún te sonrojas. En el pasado eras muy tímida. Toda inocencia y generosidad.
—Demasiado ignorante y estúpida —le corrigió ella con una amarga sonrisa—. Hábitos que tú te encargaste de corregir.
—El sarcasmo no te sienta bien.
—Te sorprendería de lo letal que puede ser como arma en el contexto adecuado.
—A veces te conviertes en un anacronismo. Me da la impresión de que no te conozco.
— ¿De verdad? Tal vez haya cambiado.
—Por supuesto que has cambiado, Lali, de un modo que no puedo
comprender —dijo él, lanzando el humo entre los labios—. Jamás te hablé de mi padre — añadió de repente—. Era sólo dos años mayor que mi madre, un astuto hombre de negocios con buen ojo, según decían. No había nada que él no fuera capaz de hacer para conseguir dinero. Estaba decidido a morir siendo un hombre rico. No comprendes por qué te estoy contando ahora esto, ¿verdad? —añadió, tras contemplar el rostro de Lali—. Lo comprenderás. A mi padre no le parecía mal acostarse con la esposa de un ejecutivo para tener más enchufe con él. Era capaz de cualquier cosa, lo que fuera, por salir adelante. No le importó lo que su actitud pudiera hacerle a mi madre.
—Ella permaneció a su lado.
—En su día, las mujeres ricas no trabajaban. El divorcio era una vergüenza. Creo que mi madre no quería a mi padre. La familia de ella era muy pobre y ellos la animaron a irse con mi padre cuando vieron que él estaba interesado. Aparentemente, no era muy diferente de las otras mujeres porque yo nací un mes antes de tiempo.
Lali se quedó asombrada. De algún modo, no se podía imaginar a la siempre digna Emilia Inchausti quedándose embarazada fuera del matrimonio.
—Mi padre tuvo una amante detrás de otra a lo largo de toda su vida. Se murió en brazos de una de ellas. Todo el mundo lo sabía. El escándalo estuvo a punto de destruir la vida de mi madre. El daño que mi padre le hizo a su orgullo duró casi veinte años.
—Por eso no te has casado nunca, ¿verdad? —dijo ella.
—En realidad, no. Jamás encontré a ninguna mujer con la que quisiera pasar el resto de mi vida —afirmó con intención, sin dejar de observarla a ella—. Sin embargo, he aprendido que la fidelidad no existe. Creo que no podría sentar la cabeza aunque sólo pensar en el compromiso no me resultara repulsivo.
—Entiendo —susurró Lali, bajando los ojos.
—Nunca antes te hablé de esto. Entonces, sólo eras una niña. Eras demasiado joven para comprender lo cruel que puede ser la vida. Tú buscabas un final feliz.
—Mientras que tú sólo querías sexo sin ataduras — comentó ella, llena de cinismo—. Que poco comprensivo por mi parte. Por supuesto, por eso me pediste que me casara contigo —añadió, sorprendiéndolo—. Porque sabías que me negaría a seguir
viéndote si me enteraba de que lo único que tú buscabas era una aventura.
—Eras especial, más de lo que te imaginas...
—Sin embargo, no tenías nada que darme. Todos estos años te he culpado por el modo en el que me trataste, por haberme convertido en poco más que un objeto sexual. En todo este tiempo, no he tratado de ver las cosas bajo tu punto de vista. Yo sólo era una chica sin educación, sin modales y, aparentemente para ti, sin moralidad.
No habría encajado en tu mundo ni en un millón de años.
—Igual que ahora —le espetó él—. Lo siento. No quería sonar superior, pero tú no tienes ni idea de mi estilo de vida, de cómo vivo normalmente. Tú eras cálida y dulce y te deseaba. Aún te deseo. Eso no terminará nunca. Sin embargo, no tengo más propensión al matrimonio ahora de la que tenía hace seis años. No quiero ataduras ni permanencia. Quiero mi libertad más que nada. Incluso más de lo que te deseo a ti.
—Comprendo.
— ¿No tienes nada que decirme?
—Tampoco tengo nada que darte, Pablo—replicó ella, encogiéndose de hombros —. Nada más que lo que tuvimos el otro día y se trata de algo completamente inútil. Soy demasiado mayor para esa clase de relación.
-Sí...
Estuvieron en silencio varios minutos. Lali se sentía carente de todo
sentimiento. Pablo se lo había robado todo. No sabía qué decir. Pablo de decir que no sentía por ella nada más de deseo, un deseo que dejaba en el pasado, donde debía estar, y que jamás podría sentar la cabeza. Lali se lo había imaginado, pero no había querido creerlo. Sus sueños secretos de formar una familia con Ian y Pablo
acababan de morir ante sus ojos.
Al ver su tristeza, Pablo se sintió culpable. Estaba tratando de luchar contra ella, tal y como lo había hecho seis años atrás. Sabía que Lali podría adueñarse de él tal y como lo había hecho en el pasado. Tenía que evitarlo porque ella se podía convertir en su vida. La había perdido una vez y había estado a punto de morir entonces. Ya no podría prescindir de ella, por lo que era mucho mejor no empezar algo que no se podría terminar. Lali jamás podría encajar en su mundo.
—Quiero que comprendas —dijo él de repente—. No debería haberte obligado a meterte en la cama conmigo aquella tarde que fuimos al campo de batalla. Yo no tenía ningún derecho.
—No fue sólo culpa tuya —afirmó ella—. Yo también lo deseaba. ¿Te importaría darle a tu madre un mensaje de mi parte? —añadió. No podía evitar sentirse algo culpable de lo que estaba planeando para él. Su venganza, que tan dulce le había parecido hacía un mes, se estaba volviendo más amarga a cada minuto que pasaba.
— ¿De qué se trata? —preguntó él, extrañado.
—Dile que no tiene nada de lo que preocuparse. No preguntes de qué se trata. Es algo personal. Díselo. Ella lo comprenderá concluyó. Se puso de pie. Tenía un aspecto elegante y frágil—. Adiós, Pablo.
Él se puso también de pie.
—He perdido el paraíso —susurró—. Me arrepentiré toda la vida, pero sería una insensatez invitar de nuevo a la locura.
—Tienes razón —afirmó Lali. Entonces, lo acompañó hasta la puerta—. Yo... no estaré aquí durante mucho tiempo más.
— ¿Adonde irás?
—Aún no lo he decidido.
— ¿Te marcharás con el hombre que te espera en Chicago?
— ¿Y por qué no? —Replicó ella con ironía—. Hay hombres en el mundo que desean algo permanente.
—Idiotas.
—No. Simplemente hombres corrientes que están cansados de vivir solos.
—Yo no tengo por qué estar solo, cielo —dijo él con una fría sonrisa—. Lo único que tengo que hacer es chascar los dedos.
—Lo sé. Mientras el dinero te dure, no pasará nada. Sin embargo, ¿quién acudiría a tu lado cuando estuvieras enfermo si no tienes dinero? ¿Quién te leería si te quedaras ciego o te tomaría la mano si te estuvieras muriendo?
Pablo cerró los ojos brevemente. Casi no podía soportar el dolor. Lali habría hecho todas esas cosas porque lo amaba. Sin embargo, no podía corresponderle del mismo modo. No se atrevía...
—Tengo que marcharme —anunció con voz firme.
No miró hacia atrás. Se dirigió directamente al coche y se metió en él. Lali observó cómo se marchaba antes de cerrar la puerta. Suponía que debería estarle agradecida por haberle dado la posibilidad de romper con el pasado. A partir de aquel momento, podía seguir con sus planes, con su vida, sin seguir soñando sueños imposibles. Acababa de darse cuenta de lo imposibles que habían sido.
Necesitaba desesperadamente marcharse durante un par de días. Además, tenía reuniones con clientes que no podía posponer. Llamó a la señora Berta a su casa y le pidió que le diera el lunes libre para poder ocuparse de la venta de la casa de su tía.
No era cierto, pero sirvió para evitar que tuviera que ir a trabajar.
Minutos más tarde, llamó para que le enviaran el avión a recogerla.
Se puso la peluca y el abrigo dos horas más tarde, llamó a un taxi y ya estaba esperando en el aeropuerto cuando el avión llegó. Aquella misma tarde estaba en su casa con Ian entre sus brazos. Al menos, así tenía tiempo para aceptar el rechazo de Pablo. Y pensaba
aprovecharlo todo lo que pudiera.
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Y Pablo sigue negando lo k es más k evidente,sabe k Lali ya no quiere acostarse con el ,pero k lo desea ,y aun así, el sigue insistiendo en visitarla con cualquier excusa.
ResponderEliminarYa comenté desde el 21 ,k me faltaban.
Desde primeros de mes se me complico entrar x festejos,Pedro cumplió el 8 su primer añito, ,jajjaja,pero ya estoy esperando esa fiesta d Pablo y las consecuencias.
No te estreses con los estudios.
Besos.
Pablo de verdad te odio, se que no sabe pero perderse la oportunidad de tener a Lali e Ian en su vida, y todo por miedo
ResponderEliminar@ROCHI16TA