martes, 8 de octubre de 2013
Capítulo 21: "Volveré para Vengarme"
Holaaa chicas, les traigo nuevo capi tuve un tiempito a la mañana que sali temprano asi que aproveche, espero no me odien demasiado a PAblito, besos
CAPITULO 21
Aunque eso significara privarse del éxtasis que sentía a su lado.
Cuando Lali fue a trabajar a la mañana siguiente, vio a Pablo en el
restaurante. La observaba orgulloso, como si fuera una posesión suya, con un deseo fiero y urgente.
Lali se presentó ante él con un menú y su acostumbrada sonrisa.
— Buenos días, Pablo. ¿Quieres pedir ya o prefieres que te dé unos minutos para que puedas estudiar el menú?
—Preferiría tenerte a ti que cualquiera de los platos que están en esta carta.
—Te recomiendo el jamón asado —dijo ella cortésmente, sin prestar atención a las connotaciones de la frase—. Y el café está recién hecho. ¿Te apetece que te traiga una taza?
Pablo suspiró muy enojado. Así que ésa era la actitud que iba a adoptar. Le entregó rápidamente el menú.
—Sí, tráeme una taza de café. Y tomaré beicon, huevos y tostadas.
—Sí. Enseguida.
Lali le sirvió lo que había pedido minutos más tarde, tras haberle hecho esperar el café. Pablo se sentía muy molesto y se le notaba. Se quejaba por todo, incluso sobre lo fuerte que estaba el café. Sin embargo, ella no dejó de mostrarse cortés y educada, aunque nada más.
Pablo se marchó sin mirar atrás. Y, tal y como Lali notó, sin dejarle una propina. Ella sonrió y siguió con su trabajo.
Aquella noche, llamó a Chicago y estuvo hablando con el señor Smith y con Ian. Echaba de menos su casa, especialmente después de lo que había pasado con Pablo. Quería salir corriendo, pero no podía hacerlo.
El hecho de que alguien llamara a la puerta no la sorprendió. Había esperado que Pablo tratara de volver a hablar con ella después de horas. Ella le dejó pasar y frunció el ceño al ver que él traía una enorme caja y la dejaba encima del sofá.
— ¿Qué es eso?
—Algo para ti. Te voy a llevar a un baile benéfico mañana por la noche.
No lo iba a hacer, porque el señor Smith iba a acudir con unos contratos urgentes al día siguiente por la tarde. No obstante, no podía darle todos los detalles.
Abrió la caja y palideció al ver el vestido que él le había comprado. Era de un llamativo color cereza, con lentejuelas y sin espalda, con una abertura muy larga a un lado. Era la clase de vestido que se compraría para una amante, pero no para la mujer por la que tenía sentimientos de cariño.
— ¿Estás tratando de darme un mensaje? —le preguntó, mirándolo.
Pablo la miró de la cabeza a los pies. Parecía muy cansada, como si su trabajo la estuviera matando. Se aseguró que no podía ser. Después de todo, sólo estaba sirviendo mesas. Desconocía lo que Lali hacía después de su horario de trabajo.
— ¿Te refieres al vestido? No es más que eso.
—Es un vestido muy caro. La clase de vestido que un hombre le compra a su amante para ir a bailar.
— ¿Acaso no era eso lo que eras hace seis años? — le preguntó con voz insolente.
Lo que ella acababa de decirle le hacía sentirse incómodo.
—Hace seis años yo estaba enamorada de ti —replicó ella—. Por eso me acosté contigo.
—Tonterías. Te gustaba mi dinero, el lujo de mi apartamento y las cosas bonitas que yo te compraba.
—Estás plenamente convencido de eso, ¿verdad?
—Ni siquiera eras una mujer adulta, cielo. Yo no esperaba amor por parte de una niña. Tu cuerpo era lo único que yo deseaba.
—Desgraciadamente, me lo dejaste muy claro. ¿Por qué no me dejaste en paz? No tenías nada que ofrecerme, pero me arrebataste todo lo que yo podía tener de valor. Mi amor, mi virginidad...
—Me lo entregaste todo porque quisiste —le espetó él—. Me lo diste con una pasión que me dejó sin aliento y sin que yo tuviera que pedírtelo. Aparte de desnudarte en público, hiciste todo lo posible por llamar mi atención.
Aquello era cierto. Lali no pudo responderle porque ciertamente le había dado aquella impresión. Bajó los ojos y contempló el vestido en su elegante caja.
—La vida nos enseña lecciones muy duras —murmuró.
— ¿Por qué no aceptas el vestido?
—Porque yo no soy tu amante.
Pablo sonrió, pero sus ojos transmitían una mirada fría y enojada.
-¿No?
—No —replicó ella firmemente. La tranquilidad que había en su voz detuvo en seco a Pablo.
—Me deseas.
—Por supuesto que te deseo, Pablo —replicó ella—, pero soy lo suficientemente mayor como para tomar decisiones sensatas. Lo último que necesito es sacar del baúl una relación del pasado.
— ¿Por tu maravilloso señor Smith? —preguntó él con un tono burlón de voz.
—No. Porque tengo demasiado orgullo. Tú me utilizaste una vez. No voy a permitir que vuelvas a hacerlo. Lo de ayer fue un accidente. Un error. Dejé por un instante que el pasado cegara el presente. Sin embargo, no volverá a ocurrir.
—Tú me deseas —insistió él.
—Supongo que te desearé siempre —confesó Lali—. Tú y yo sufrimos de adicción mutua en la cama. Es una pena, porque no podemos hacer nada al respecto. Sin embargo, yo necesito mucho más que unas horas de pasión. En el pasado, era pura magia y yo no tenía que pensar en el futuro. Ahora sí.
—No tienes verdaderas ataduras —dijo, suavizando el tono de su voz—. Ni yo tampoco.
—Eres un Arrechavaleta —replicó ella—. Tu madre me considera de una especie diferente. Ella volvería a separarnos, si tú no me dejaras de lado por una razón u otra. No hay futuro en lo que siento por ti, Pablo. Tendría mejor suerte en lo que siento por el señor Smith.
—En primer lugar, mi madre jamás nos separó. ¡Lo hizo tu propia avaricia!
—Piensa lo que quieras, pero vete a tu casa —le espetó ella. Tomó la caja y se la entregó—. Y llévate eso. No tengo ningún lugar al que ir en el que me pueda poner algo tan llamativo.
—Tan elegante. Dios sabe que seguramente no hayas visto un vestido tan caro en toda tu vida y tú lo estás rechazando.
De hecho, LAli había visto vestidos así de caros antes. Su armario estaba lleno de diseños originales que eran incluso más caros que el que ella le estaba devolviendo a Pablo.
—Me gusta el regalo, pero no me gustan las ataduras que implica.
—Quién lo hubiera dicho. Orgullo de una mujer como tú —musitó.
Lali se irguió. No le gustaba aquella insinuación.
— ¿Acaso te sientes insultada? ¿Y por qué ibas a estarlo? Las mujeres que no tienen moralidad no pueden permitirse el lujo de tomarse demasiado en serio.
—Crees que me conoces muy bien —susurró ella con voz dura. Prácticamente estaba temblando de la ira.
—Te conozco de la cabeza a los pies —replicó Pablo en un tono similar—. Dios mío, lo único que tengo que hacer es rozarte para que seas mía.
—Fuera de aquí.
—Es mejor que no vengas a ese baile conmigo — murmuró—. Probablemente no has adquirido modales en los últimos seis años. Estoy seguro de que ni siquiera sabes que tenedor utilizar en una mesa bien puesta o dónde poner la servilleta.
En aquellos momentos, Lali estaba temblando de la ira.
—Te aseguro que sé dónde me gustaría poner uno de esos tenedores en estos momentos. ¡Fuera de aquí he dicho!
Pablo dudó, aunque sólo durante un instante. Entonces, lanzó una fría carcajada.
—Buenas noches, Mariana. Que duermas bien — dijo antes de marcharse y cerrar la puerta a sus espaldas.
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No lo odio demasiado, lo odio un poquito mucho!!!! más nove
ResponderEliminarpd: me parece de lo mejor que Lali se resista a Pablo
@ROCHI16TA
Jajajaj,yo si k lo odio en estos momentos,pero ya se va a tener k arrastrar ,y buscar una forma muy convincente d k Lali lo perdone ,x todo lo k la hizo sufrir en el pasado ,y ahora en el presente.
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