CAPITULO 20:
En silencio, Lali no hacía más que repetirse todas las razones por las que debía detener a Pablo. Sin embargo, la boca de él se apoderó de la suya y se encajó perfectamente contra ella. De repente, fue como si los años volvieran hacia atrás y ella volviera a ser la muchacha con su primer amor, su único amor, entre los brazos.
—No te resistas —susurró él, tomándola en brazos—. No te resistas. ¡Te deseo tanto!
Pablo la llevó sin esfuerzo al dormitorio y la acostó sobre la cama. A continuación, se acostó a su lado. Era como la primera vez. Pablo se movía con lentitud, con cuidado, con ternura infinita. Ella se rindió por completo tras una pequeña protesta y observó cómo él la iba
desnudando. La miró atentamente, descubriendo las sutiles diferencias que había entre el cuerpo de la muchacha que había poseído y el de la mujer que tenía ante sus ojos. Frunció ligeramente el ceño y le tocó el vientre, donde se apreciaba una ligera cicatriz. Lali había sufrido una cesárea para tener a Ian. Contuvo el aliento y se preguntó si Pablo reconocería a qué se debía aquella intervención.
— ¿Tuviste un accidente? —le preguntó suavemente
—No. Es una operación. Yo... tuve un problema femenino —mintió.
— ¿Te encuentras bien ahora? ¿Te has recuperado por completo?
-Sí.
Con la mano, Pablo le trazó el vientre hasta llegar a los hermosos y rosados pechos, coronados de malva. Notó que se había incrementado su tamaño.
—Siempre fuiste muy hermosa —dijo—, pero eres mucho más voluptuosa ahora que entonces.
Cuando él comenzó a acariciarla, Lali sintió despertar las sensaciones de entonces. Había transcurrido tanto tiempo...
Los minutos fueron pasando lentamente. Pablo le devoraba ansiosamente los pechos, el vientre e incluso el interior de los muslos, excitando plenamente a Lali. De repente, ella le agarró la camisa y se la quitó. Pablo sonrió y colaboró a la hora de
desnudarse. Era mucho más musculoso de lo que lo había sido entonces, mucho más atlético. Pablo sonrió cuando empezó a penetrarla.
—Es casi como si fuera la primera vez. ¿Es que tu último amante no estaba tan dotado como yo?
—No —respondió ella, sonrojándose ante la intimidad del comentario.
—Siempre encajé dentro de ti como si fueras un guante —susurró,
mordisqueándole seductoramente el labio inferior—. Incluso la primera vez, cuando te hice daño. No dijiste ni una palabra. Jamás me dijiste que yo había sido el único hombre que habías conocido. A pesar de todo, yo lo supe de todos modos —añadió.
Entonces, la animó a que separara las piernas un poco más—. Así, cielo. Trata de relajarte un poco. No quiero que te sientas incómoda.
—Ha... ha pasado mucho tiempo —susurró ella, mientras Pablo la poseía sin dejar de mirarla a los ojos.
—Ya lo veo. ¿Quieres que me detenga y te excite un poco más? ¿Te resultaría así más fácil?
—No. Ya estoy bien.
Levantó un poco más las caderas y realizó un gesto de dolor al sentir cómo él la llenaba tan plenamente. Sin embargo, no se apartó. Se arqueó y se empujó hacia él. Entonces, oyó el profundo gemido de placer que Pablo exhaló cuando ella lo acogió plenamente. Antes de que Ian naciera, jamás había podido hacer algo así.
—Jamás... —susurró él—. Jamás antes había sido así...
El inesperado movimiento de Lali lo sorprendió de tal manera que se vio presa de las convulsiones del placer. Se agarró con fuerza al cabecero de la cama y empujó con fuerza, ciego, sordo y mudo a todo lo que no fuera la agonía de su necesidad.
Lali permaneció tranquila, observándolo, gozando al ver su placer. Sin embargo, en el último momento, Pablo salió del interior del cuerpo de ella, librándola así de la posibilidad de un embarazo. Segundos más tarde, se desmoronó encima de Lali, completamente empapado de sudor
.
—No has tenido tiempo. Lo siento —susurró.
Lali no respondió. Siempre había sido así. La necesidad lo empujaba de tal modo que le hacía perder el control. Sin embargo, siempre la compensaba. Era un hombre muy generoso.
Efectivamente, segundos más tarde, Lali sintió los delicados labios de Pablo sobre los pechos. No dejaba de besarlos, torturándolos hasta que los pezones se irguieron por completo. Siguió besándola y mordisqueándole la piel hasta que el deseo
de Lali volvió a despertarse. Al mismo tiempo, le colocó la mano en la entrepierna y encontró hábilmente el centro de su feminidad. Lo estimuló hasta que éste se convirtió en una llama tan cálida que hizo que Lali gritara de placer.
Estaba empezando a sentir los primeros temblores del orgasmo cuando sintió que
él se colocaba encima de ella. Se agarró con fuerza a él y abrió los ojos justo en el mismo instante en el que Pablo la penetró con un firme y único pujo. La sonrisa que tenía en los labios se convirtió en fuego cuando empezó a moverse dentro de ella. Lali se aferró a él y se dejó llenar, luchando desesperadamente para alcanzar el orgasmo. Éste llegó con la fuerza de una tormenta, levantándola y
matándola con su cálido placer.
Se arqueó hacia Pablo y emitió un sonido que no había pronunciado desde la última vez que hicieron el amor. Entonces, gritó de puro éxtasis al notar que sus músculos se atenazaban de pura tensión y se soltaban de repente como si fueran una goma elástica.
Sin saber por qué, se echó a llorar. Aquellas lágrimas reconocían la brevedad del paraíso, la negra angustia de volver a perderlo, el dolor de todos los años que había pasado sin él.
Cuando Lali abrió los ojos, él estaba fumando un cigarrillo. Se cubrió con la sábana y se sentó en la cama. Se sentía barata y fácil. Se había entregado a él sin oposición alguna.
—No estás tomando la píldora, ¿verdad? —dijo él.
—No. No había tenido que hacerlo durante mucho tiempo.
—Ya lo he notado. Esta vez he evitado que te quedes embarazada, pero no te puedo prometer que me pueda volver a contener. Me aseguraré de llevar un preservativo de ahora en adelante.
— ¿Toman la píldora el resto de las mujeres con las que estás? —preguntó ella con frialdad.
Pablo se echó a reír. Entonces, se levantó de la cama y empezó a vestirse.
—Hoy en día las mujeres están más liberadas que los hombres. Normalmente, no tengo que preocuparme de tomar precauciones, aunque, en realidad, no sé si las habría tomado contigo. Jamás te dejé embarazada en los viejos tiempos, cuando no utilizábamos nada.
Lali no se molestó en responder.
—Tal vez seas estéril —comentó él, aunque odió aquellas palabras en el momento en el que las pronunció. En realidad, no comprendía por qué.
—Sí, supongo que sí —dijo Lali, disfrutando de una ironía que no quiso compartir con él.
—Al mismo tiempo, no deseo correr riesgos. No quiero hijos.
—¿Nunca? —le preguntó Lali mientras él se abotonaba la camisa.
—No —respondió él, terminando de vestirse—. Los hijos suponen un compromiso. Ya te dije hace mucho tiempo que yo no buscaba compromisos.
—Lo recuerdo —susurró ella. ¿Qué había esperado? ¿Que cambiara en aquellos seis años?
—Y, aparentemente, tú tampoco los quieres. No te has casado.
—Me gusta estar sola —mintió. No quería decir que sí lo había estado.
-¿Sí?
Pablo soltó una dura carcajada. Una parte de él estaba muy alegre al ver que LAli seguía deseándolo, que su cuerpo revelaba el tiempo que había estado sin tener relaciones sexuales. Sin embargo, otra parte odiaba la facilidad con la que ella se había sometido, el modo en el que él mismo había reaccionado ante ella. Con Lali
no podía controlarse. Perdía la perspectiva. Era como un niño.
—Ahora que ya tienes lo que habías venido a buscar, ¿por qué no te vas a tu casa? —le preguntó ella.
—Creía que me ibas a dar de cenar.
—Yo no tengo ganas de comer.
—Siempre tenías hambre después de que hiciéramos el amor.
—De eso hace mucho tiempo.
—Bueno, si has conocido a otros hombres en este tiempo, veo que no han dejado una profunda huella en ti. Te morías de ganas porque te poseyera.
—Eso también se podría decir de ti, ¿no te parece? ¡La primera vez ni siquiera pudiste contenerte!
El rostro de Pablo se volvió completamente rígido. Sin decir ni una palabra más, se colocó el sombrero y se marchó.
—Vaya, vaya con el hombretón. Si no puedes soportar el calor, no te acerques a la cocina.
Se levantó y se dio una larga ducha para tratar de borrar el aroma de Pablo, el tacto de sus manos. No pudo conseguirlo. Pablo seguía odiando la idea del matrimonio y no quería tener hijos. Lali no había esperado otra cosa, pero le dolía. Pablo tenía un precioso hijo. Se preguntó cómo reaccionaría cuando supiera lo de Ian porque,
inevitablemente, se iba a enterar de ello.
Lo que más le molestaba era la facilidad con la que se había entregado a él. Sin duda, Pablo esperaría una sumisión fácil cada vez que le apeteciera. Iba a tratar de utilizarla una y otra vez. Ella tendría que dejarle muy claro que eso no iba a ser así.

No se porque stoy odiando a Pablo!!!!
ResponderEliminar@ROCHI16TA
Este Pablito no sabe k chispea antes d llover.
ResponderEliminarK LAli se la haga difícil ,el tipo no cambio en nada.