miércoles, 18 de septiembre de 2013
Capítulo 9: "Volveré para Vengarme"
CAPITULO 9:
—Me alegro de poder hablar contigo —dijo—. Yo... He venido a buscar el expediente Jordán. Te lo trajiste a casa.
—Yo estaba trabajando en la fusión con Jordán — replicó Lali—. Ya lo sabes. ¿Por qué lo quieres?
—Jordán y Cañe insisten en que terminemos con el trato esta misma semana. A menos que tú quieras venir aquí para ocuparte de todo...
—No, por supuesto que no. Adelante. Te debería haber llamado antes al respecto, pero se me ha pasado.
—Es la primera vez.
—Supongo que sí. Necesitas mi firma, ¿verdad?
—Sí. Puedes enviarla por fax.
—No tengo máquina de fax. Envía los papeles por mensajería. Te los devolveré en un día.
—Muy bien. Necesitas un fax.
—Lo sé. Le pediré al señor Smith que me lo traiga la semana que viene, junto a algo más de equipamiento de oficina. Puede que me tenga que quedar aquí algunas semanas, pero el negocio no sufrirá por ello. Puedo ocuparme de mi parte por las noches. Llamaré todos los días para comprobar cómo va todo.
— ¿Estás segura de que resulta aconsejable una ausencia tan larga?
—Sí, estoy segura. Escucha, Vico. No soy una mujer sin sentido común que no sabe nada de negocios. Ya lo sabes. Nico me enseñó todo lo que sabía.
-Sí. Ya lo sé.
Había un cierto tono de amargura en su voz. A veces, Lali se preguntaba si no le molestaba que parte de la empresa de su hermano estuviera dirigida por una persona ajena a la familia. Se mostraba agradable, pero siempre había una cierta distancia entre ellos, como si no terminara de confiar en ella.
—No te defraudaré —afirmó Lali —. Este asunto es lo más importante que tengo en mi agenda, por lo que no importa el tiempo que me lleve. Si puedo encontrar una debilidad en él, me aprovecharé de ella.
— ¿Estás segura de que lo que te preocupa son los intereses de la empresa y no vengarte de ese Pablo?
Lali no respondió a esa pregunta.
—Me alegro de que te vayas a ocupar de la fusión Jordán. ¿Puedes decirle al señor Smith que vuelva a ponerse, por favor?
—Por supuesto. Siento haber sonado rudo contigo. Estoy muy cansado. Ha sido un día muy largo.
—Sí, lo sé.
—Lali, ¿estás segura de que Smith puede tener a esa iguana corriendo por la casa? Ese bicho pesa casi cinco kilos y tiene unas garras y unos dientes...
—Tiny es parte de la familia. No molesta. Simplemente permanece sentada en la silla del señor Smith hasta que tiene hambre. Entonces, se va a la cocina y se come sus verduras. Tiene una caja con arena en el cuarto de baño, que utiliza perfectamente y nunca ha atacado a nadie. Ian la adora.
—Resulta muy poco natural tener a un reptil corriendo por todas partes. El fontanero lanzó un grito cuando vino a desatascar el retrete. Ese bicho estaba sentado debajo de la ducha, dándose un baño.
—Pobre fontanero —murmuró ella, ahogando una risita.
—Sí, bueno, me dijo que no volviéramos a llamarlo. ¿Ves a lo que me refiero? Ese reptil es una amenaza.
—Díselo al señor Smith, aunque yo lo haría detrás de una puerta.
—Muy bien. Es tu casa y es tu problema.
—Debería haber sido tu casa, Vico —dijo Lali, inesperadamente—. Siento que las cosas hayan salido así. Tú eres el hermano de Nico, su único pariente de sangre. La mayor parte de sus propiedades deberían pertenecerte a ti.
Vico suspiró.
—Nico tenía todo el derecho a hacer lo que quisiera con sus propiedades —afirmó. De repente, la hostilidad había desaparecido de su tono de voz para verse reemplazada por un tono que resultaba casi de arrepentimiento—. Después de todo, tú
eras su esposa. Te amaba.
—Yo también lo amaba a él.
Era cierto. Nico había sido su refugio en la terrible tormenta de angustia que Pablo había provocado. No era la clase de amor que había sentido hacia Pablo, pero era amor. Con tiempo, y viéndose permanentemente apartada de la presencia de Pablo, podría
haber amado a Nico con el mismo fervor que él le ofrecía a ella.
— ¿De verdad estás segura de que quieres enfrentarte a Arrechavaleta? Es un hombre de negocios formidable. Podrías estar arriesgando más de lo que crees.
—Una expansión sin riesgo es como el pan sin mantequilla. No hay sabor. Cuídate, Vico. Ahora, déjame volver a hablar con el señor Smith, por favor.
—Muy bien. Lo llamaré. Cuídate.
—Claro.
Unos minutos más tarde, Smith volvía a estar al otro lado del aparato.
— Se ha ido —dijo el guardaespaldas muy secamente—. No confío en él, Mar. Y tú tampoco deberías hacerlo. Creo que está tramando algo.
—Estoy segura de que eres el hombre más suspicaz que hay sobre la faz de la tierra. Debe de ser que tu experiencia en la CÍA te está afectando el cerebro. Vico es un tipo legal.
—Me ha dicho que Tiny debería de estar fuera.
—Tiny no podría vivir fuera —comentó ella riendo—. Es mi casa y, mientras así lo sea, Tiny vivirá dentro. ¿De acuerdo?
— De acuerdo —dijo el guardaespaldas, mucho más relajado—. Gracias.
—Quiero que vengas aquí la próxima semana —le pidió, dándole a continuación un listado con todo lo que debería llevarle—. Ahora, llama a Ian, por favor. Sé que es muy tarde, pero quiero saludarlo.
—Estará encantado. Te extraña mucho.
—Viajo mucho, ¿verdad? —suspiró—. A veces demasiado.
— Sí. Sobre Tiny...
—Conseguiré otro fontanero. No te preocupes.
— De acuerdo.
Segundos más tarde, su hijo se puso al teléfono.
—Mamá, ¿cuándo vas a regresar? —preguntó con voz somnolienta—. Se me ha caído el patito de goma en la taza y el señor Smith me lo ha tirado. Me ha comprado uno nuevo. ¿Me has comprado un regalo? Sé contar hasta veinte, sé escribir mi nombre...
—Eso es estupendo. Estoy muy orgullosa de ti. Vas a venir a verme muy pronto y tendré un regalo para ti.
— ¿No te puedes quedar en casa y jugar conmigo algunas veces? La mamá de Jerry lo lleva al parque a ver a los patos. Tú nunca me llevas a ningún sitio, mamá
Al escuchar aquellas palabras, Lali apretó los dientes.
—Cuando regrese a casa, hablaremos al respecto.
—Eso es lo que me dices siempre, pero luego te vuelves a marchar —musitó el niño muy enojado.
—Ian, este no es momento de discutir —dijo ella con firmeza—. Ahora, escúchame. El señor Smith te va a traer aquí muy pronto. Hay muchas cosas que ver, vaqueros de verdad... Podremos pasar algún tiempo juntos.
— ¿De verdad? —preguntó el niño encantado.
—Sí —prometió ella.
—Muy bien, mamá. ¿Podemos llevarnos a Tiny? El tío Vico dice que deberíamos comérnosla. Creo que el tío Vic es malo.
—Ey ey... No nos vamos a comer a Tiny. El señor Smith puede traérsela cuando vengan aquí a verme, pero todavía no, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —suspiró Ian—. ¿Puede Tiny sentarse conmigo cuando vayamos?
—Tiny se puede sentar en su transportín a tu lado —le corrigió ella.
—Te quiero mucho, ma.
—Yo también te quiero, cariño mío. Te llamaré mañana. Obedece al señor Smith y sé un buen chico.
—Lo haré. Buenas noches.
—Buenas noches.
Lali colgó el teléfono sin dejar de acariciar suavemente el auricular. Ian era lo más importante de su vida. A veces, lamentaba amargamente el tiempo que tenía que pasar lejos de su pequeño. Estaba creciendo y ella se estaba perdiendo los momentos más preciosos de su vida. ¿Le habría dado Nico tantas responsabilidades en la empresa si se hubiera dado cuenta de cómo iba a afectar a su relación con Ian?
No. Lo habría organizado todo de manera que ella hubiera podido pasar más tiempo con su hijo. Él mismo habría estado a su lado, ayudándola con el niño. Nico adoraba a Ian.
Mientras se apartaba del teléfono, admitió que, a veces, la vida sin Nico resultaba muy dura. Se preguntó cómo habría sido su existencia si Pablo hubiera ignorado las acusaciones de su madre y se hubiera casado con ella. Habrían estado juntos cuando Ian naciera y, tal vez, la delicia de tener un hijo habría unido a Pablo más a ella. Se echó a reír. Eso jamás habría ocurrido.
La presión que sentía por todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor era tal que subió a su habitación y se tomó un tranquilizante. No los utilizaba a menudo, pero a veces la presión era tan terrible que no podía soportarla. Por suerte, el alcohol jamás
la había atraído. En cuanto a las píldoras tampoco. Sólo las tomaba cuando no le quedaba otra opción. Aquélla era una de esas noches.
Se duchó y se puso el pijama. No le servía de nada pensar constantemente en sus problemas. Nicolas se lo había, enseñado. El único medio de enfrentarse a una situación era la acción, no la gimnasia mental.
Se acostó y cerró los ojos. El tranquilizante empezó a funcionar. Empezó a dejarlo todo atrás y empezó a deslizarse en el crepúsculo de la inconsciencia. Decían que algunas veces, un buen descanso nocturno era lo que separaba a una persona angustiada del suicidio. Ella no tenía tendencias suicidas, pero, a pesar de todo el sopor resultaba de lo más agradable...
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Sigo con mi pensamiento,Vico está enamorado d Lali.
ResponderEliminark Ian le reproche ,me dolió,Lali jamás debió dejarlo x su trabajo,(al menos tanto tiempo).
Smith es un amor.
Vico es medio raro!!!Me da pena Ian debe necesitar mucho a su mamá
ResponderEliminarMÁSSSS........
@ROCHI16TA