domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo 3: "Volveré para Vengarme"


Holaa como andan chicas les dejo el nuevo capi se viene el primer encuentro Pablali despues de 6 años, besos 
CARO

CAPITULO 3:

Lali sintió  la culpabilidad. Su hijo tenía razón, pero no podía admitirlo.

—Por negocios, cariño mío —respondió, mirándolo con adoración.

El niño no se parecía en nada a ella. Era el vivo retrato de su padre, desde el cabello a los profundos ojos verdes y los gestos . Suponía que, también como Pablo, iba a ser muy alto.

Pablo.... Lali suspiró y se dio la vuelta. Lo había amado tanto, con toda la pasión de su joven vida. Él le había arrebatado castidad y corazón y, a cambio, le había dado sufrimiento y vergüenza. La madre de Pablo había hecho todo lo posible para terminar lo que podría haber sido una historia de amor sincera. Pablo siempre se habría sentido culpable por ella. Probablemente lo habría estado aún más si hubiera sabido que sólo tenía dieciocho años comparados con los veinticinco de él. Ella le había mentido y le había dicho que tenía veinte, aunque incluso así, él había dicho que era como si estuviera sacándola de la cuna. No obstante, la pasión que sintió por ella había conseguido derrotar su autocontrol. En ocasiones, Lali había pensado que la había odiado precisamente por eso, por hacerlo vulnerable.

Con toda seguridad, la madre de Pablo la odiaba. El hecho de que Lali hubiera estado viviendo con sus tíos abuelos en la reserva Crow y el hecho de que su tío abuelo fuera un anciano muy respetado en ella había resultado completamente escandaloso para la señora Emilia Inchausti de Arrechavaleta. Ella pertenecía a la flor y nata de la ciudad y no dejaba de hacer gala de ello. Que su hijo se atreviera a avergonzarla saliendo con la sobrina de uno de sus empleados había sido demasiado para ella, en especial cuando ya había elegido una esposa para él. 
Se trataba de una tal Rocio Gutierrez, una muchacha cuya familia tenía muchas propiedades en Alberta, Canadá, y que podía remontar sus orígenes hasta los tiempos en los que estos aún vivían en la regia Inglaterra. Emilia ni siquiera se había molestado en peguntarle a Lali si era india. Lo había dado por sentado, cuando, en realidad, no le unían lazos de sangre alguno con el tío Cuervo Andante.

En la familia de Pablo había personas de piel muy oscura. Emilia juraba que eran franceses, pero Lali había escuchado en una ocasión que entre los antepasados de Pablo había Sioux de pura raza por parte de su padre.

Algún día, Ian Tennison tendría que saber la verdad sobre quién era su padre. Lali no ansiaba en absoluto que llegara aquel momento. Por el momento, el niño aceptaba que Nicolas Tennison había sido su padre y, en muchos sentidos, así había sido. Se lo había ganado por derecho propio.

A menudo se había preguntado por qué Pablo aparentemente jamás se había parado a pensar en la posibilidad de que Lali se quedara embarazada durante su breve romance. Suponía que todas las mujeres con las que él había estado habían tomado la píldora, por lo que había dado por sentado que lo mismo le ocurría a ella. En realidad, jamás había estado en condiciones de preguntar, ni la primera vez ni las otras. Algunas veces. Lali soñaba con él, en el fiero placer que él le había enseñado a compartir.
Jamás le había hablado a Nico de aquellos sueños ni quería compararlo con él. No habría sido justo. Nico era un amante generoso y hábil, pero Lali nunca había alcanzado con él el placer que Pablo le había proporcionado sin esfuerzo aparente.

Ian se abrazó a su lagarto de juguete.

—¿No te parece que Barry el lagarto es muy bonito? —le preguntó—. El señor Smith me ha dejado acariciar a Tiny. Dice que deberías dejarme que tuviera una iguana, mamá. Son muy buenas mascotas.

Al oír a su hijo hablar tan maduramente, Lali se echó a reír. Su hijo tenía casi seis años y aprendía muy rápidamente. Sabía que Pablo no se había casado. Durante un instante, se preguntó lo que Emilia pensaría de su nieto, aunque sabía que resultaba poco probable que la mujer lo apreciara. Después de todo, era hijo de
Lali. Además, un nieto estropearía la imagen de juventud que estaba dispuesta a transmitir.

— ¿No puedo tener una iguana? —insistió el niño.

—Puedes acariciar a Tiny cuando te lo permita el señor Smith.

—¿El señor Smith no tiene nombre?

—Nadie tiene el valor de preguntárselo —respondió Lali, riendo.

Ian se echó también a reír. Lali se preguntó si ella habría sido tan feliz de niña como su hijo. La prematura muerte de sus padres había dejado sus secuelas. Por suerte, había tenido a la tía Julia y al tío Cuervo Andante para que cuidaran de ella.

—Ojalá pudiera ir contigo —se quejó el niño.

—Ya lo harás algún, día muy pronto.Luego, te llevaré a la reserva Crow para que puedas conocer a tus primos indios.

—¿Son indios de verdad?

—Sí. Quiero que te sientas orgulloso de tus antepasados, Ian. Uno de ellos luchó en la batalla de Little Big Horn contra el general Custer.

— ¡Ohh! ¿Y quién era el general Custer, mamá?

—Bueno, ya tendremos tiempo de explicarte todo eso cuando seas un poco mayor. Ahora, tengo que hacer la maleta.

-¡Ian!
La estruendosa voz resonó por el rellano.

—Estoy aquí, señor Smith —respondió el niño.

Se escucharon unos pesados pasos en el pasillo y, entonces, un hombre muy corpulento entró en la habitación. El señor Smith era el  más amable que Lali había conocido nunca. Tenía una hoja de servicios impecable. Había pasado de trabajar en la CÍA para ponerse a las órdenes de Nicolas. Él había conseguido abortar el intento de secuestro de Ian. Cuando estaba con ella, nadie se atrevía a molestar a Lali. Además de Ian, él era la persona que más apreciaba.

—Ha llegado la hora de marcharse a la cama, señorito —le dijo el señor Smith a Ian sin pestañear—. En marcha.

— ¡Sí, señor! —exclamó Ian, respondiendo con un saludo militar y una sonrisa.

Entonces, echó a correr hacia él y dejó que lo tomara en brazos.

—Yo me ocuparé de acostarlo, La —le dijo él a Lali—. No deberías
marcharte. Necesitas otra semana en la cama.

—No me vengas con ésas —replicó Lali, con una sonrisa—. Estoy bien. Ya sabes que tengo que ocuparme de las cosas de mi tía Julia y es una oportunidad de oro para investigar a nuestra oposición. Que duermas bien, mi cielo —añadió, inclinándose para darle un beso a su hijo—. Iré enseguida a darte un beso.

—El señor Smith va a hablarme de Vietnam —comentó Ian muy animadamente.

Lali frunció el ceño. Las historias de la guerra de Vietnam no le parecían adecuadas para que un niño las escuchara antes de marcharse a la cama, pero no tuvo corazón para oponerse.

—Quiero que me cuentes la de la serpiente.

—¿La de la qué? ^preguntó ella.

—La de la serpiente. El señor Smith me está hablando de todos los animales que había en Vietnam.

Lali se sonrojó. Había pensado que la temática de las historias era otra muy distinta. El señor Smith se percató de su reacción y sonrió.

—Te hemos engañado, ¿verdad? Eso es lo que te encuentras por juzgar a la gente inocente.

—Tú no tienes nada de inocente —replicó ella.

—Soy inocente de varias cosas. Jamás he disparado a una persona dos veces.

—Mi guardaespaldas es un santo —comentó ella, mirando al techo.

—Sigue así y regreso a la CÍA. Allí sí que saben cómo tratar a la gente

—Estoy segura de que ellos no te compran mocasines de piel de cabrito ni te regalan un jacuzzi para ti solo.

—Bueno, eso no.

—Y que tampoco te dan tres semanas de vacaciones pagadas ni te ofrecen habitaciones de hotel gratis y carta blanca en los restaurantes.

—Tampoco.

—Ni tampoco te abrazan como lo hago yo —exclamó Ian, rodeando el cuello del guardaespaldas con tanta fuerza como pudo.

El señor Smith se echó a reír y le devolvió el abrazo.

—En eso tienes razón —admitió—. En la CÍA no me abrazaba nadie
.
—¿Ves? —le preguntó Lali, muy sonriente—. Te va muy bien y no te das cuenta.

—Claro que me doy cuenta, pero es que me gusta ver cómo te enojas.

—Uno de estos días —dijo ella, con un dedo muy amenazador...

—Ese gesto nos indica que ha llegado el momento de marcharnos, Ian —dijo el señor Smith, dirigiéndose con el niño hacia la puerta.

Lali sonrió y siguió preparando la maleta.

Dos días más tarde, Lali llegó en autobús a Billings. Además de que no quería demostrar que tenía dinero, la estación de autobuses estaba al lado de Arrechavaleta Properties, Inc.

Llevaba el cabello suelto sobre los hombros, un jeans y una camisa. Se había puesto unas botas muy usadas que utilizaba para montar a caballo y no se había maquillado. Más o menos, parecía la misma que se había marchado de aquella misma estación seis años atrás, aunque tenía un secreto que iba a disfrutar guardando hasta que llegara el momento de revelarlo.

En un edificio de oficinas que había justo enfrente de la estación, un hombre observaba el movimiento de pasajeros en la estación. De repente, se levantó del sillón para poder mirar mejor a través de la ventana. En los ojos tenía un gesto de sentimientos enfrentados.



3 comentarios:

  1. ay quiero otro, quiero encuentro Pablali!!!
    @ROCHI16TA

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  2. Creo que el que mira por la ventana es Pablo!!!
    @ROCHI16TA

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  3. Jajajaja,desde luego k tiene k ser Pablo ,y esos sentimientos enfrentados ,ya dice mucho. Quiero mucho mas Caro ,k son cortitos,jajajaja,si puede ser claro.Besos.

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