Holaaa chicas paso mas que rapido les dejo 2 capis, espero que les guste que bueno ue quieren a smith jajja, besos
CAPITULO 11:
Emilia Inchausti de Arrechavaleta.
—Te estaba esperando —dijo Lali con fría tranquilidad—. Entra.
Emilia entró en la casa y miró a su alrededor con desdén. Se sentó en una de las sillas del salón y cruzó las piernas.
—Iré directamente al grano —dijo, sacando un cheque del bolso—. Creo que con eso bastará para que te marches de Billings para siempre.
Lali no lo aceptó. Se limitó a sonreír.
— ¿Te apetece un café?
—Gracias, pero no. El cheque es por un valor de diez mil dólares. Tómalo y márchate.
Lali se sentó en el sofá.
—Ya lo hice en una ocasión.
— ¿Y por qué has tenido que regresar? ¿Qué es lo que quieres? ¡Mi hijo ya no siente nada por ti! Jamás lo sintió, porque si no habría ido detrás de ti. Supongo que lo comprendes, ¿verdad?
Por supuesto que lo comprendía. Estuvo a punto de hacer una mueca de dolor.
—Mi tía ha muerto.
—Lo sé. Lo siento mucho. Seguramente te habrán ofrecido ya algo por la casa.
—No quiero venderla. Tiene muchos recuerdos muy agradables para mí. Tampoco me quiero marchar aún de Billings. Te aseguro que hará falta mucho más de diez mil dólares para sacarme de aquí. Mucho más de lo que tú tienes.
— ¡Mocosa arrogante!
—Te suplico que te guardes tus insultos. Veo que no has envejecido muy bien —comentó, tras estudiar atentamente el rostro de la otra mujer—. No me sorprende. La culpabilidad debe de haber sido terrible.
—Yo no me siento culpable.
—Le mentiste a tu hijo, me acusaste a mí por una falsedad, me obligaste a marcharme de mi casa en un momento en el que necesitaba desesperadamente quedarme aquí... ¿No te sientes culpable de todo eso?
— Sólo eras una niña jugando.
—Era una mujer, profundamente enamorada y embarazada de tu nieto. Mentiste.
—Tenía que hacerlo. ¡No podía dejar que mi hijo se casara con alguien como tú!
—Jamás le contaste a Pablo la verdad, ¿no es cierto?
—Te daré veinte mil dólares.
—Cuéntale la verdad.
— ¡Nunca!
—Ése es mi precio —concluyó Lali, poniéndose en pie—. Cuéntale a Pablo lo que me hiciste y me marcharé de aquí sin que me tengas que dar un centavo.
—No puedo hacerlo —susurró Emilia, poniéndose de pie. Le temblaban los labios.
—Cuando haya terminado contigo desearás haberlo hecho. ¿De verdad creíste que te ibas a escapar de todo lo que has hecho sin pagar por ello?
—Hoy en día los abortos son muy fáciles —susurró, mientras se sacaba un pañuelo del bolso—. Te di el dinero suficiente para uno. Lo suficiente para que te marcharas.
—Y yo te lo devolví junto con los regalos de Pablo, ¿no es verdad? —le espetó Lali. Emilia no respondió—. Le dijiste a Pablo que yo había robado miles de dólares a la empresa. Peter y yo. Hiciste que Peter le contara que habíamos sido amantes, que yo lo había traicionado.
—Era el único modo de librarme de ti. Mi hijo jamás te habría dejado marchar si yo no lo hubiera hecho. ¡Estaba obsesionado contigo!
—Sí, obsesionado, pero nada más —admitió Lali con amargura—. No me amaba. Si lo hubiera hecho, todo lo que tú le hubieras podido contar no le habría afectado en absoluto.
—Entonces lo sabes, ¿verdad? —dijo Emilia con una cierta satisfacción.
Lali asintió.
—Era muy ingenua. No me di cuenta de cuanto hasta que no me echaste de aquí.
—No parece que te haya ido muy mal. Aún eres joven y tienes buen aspecto.
—Había un niño de por medio, Emilia.
—Así es. ¿Lo tuviste? —Preguntó la mujer con mirada calculadora—. ¿Lo entregaste en adopción? Te daré lo que quieras. Pablo no tiene por qué saberlo. ¡Ese niño no carecerá de nada!
Lali observó a la otra mujer con incredulidad.
— ¿Qué habrías hecho tú si alguien te hubiera hecho esa oferta cuando estabas embarazada de Pablo?
De repente, una extraña expresión se reflejó en los ojos de Emilia, pero desapareció. Una incertidumbre. Una angustia.
—Todos esos años... Jamás supiste dónde estaba ni lo que tuve que hacer para salir adelante. No te importó. Y ahora, entras en mi casa y tratas de chantajearme para que me marche de la ciudad. Incluso tienes la audacia de tratar de comprar un nieto que no te importó lo más mínimo hace seis años.
—Eso no es cierto. Yo... traté de localizarte.
— ¿Porque te sentías culpable de que yo fuera a dar en adopción a un Arrechavaleta? —comentó ella con una sonrisa que se profundizó al ver que Emiliase sonrojaba—. Tal y como me había imaginado.
—Lo diste en adopción, ¿verdad? —Insistió Emilia—. Aún podemos encontrarlo. A él o a ella. ¿Qué fue?
—Eso es algo que no sabrás. No sabrás si aborté o si tuve al niño y lo entregué en adopción. Y te puedes quedar con tu dinero. Sigues sin poder comprarme.
—Todo el mundo tiene un precio. Incluso tú.
—Eso es cierto. Y tú ya sabes cuál es mi precio.
Con eso, Lali abrió la puerta para indicarle que deseaba que se marchara.
—Tu visitante masculino era formidable —comentó antes de irse—. ¿Vives con él? —preguntó. Sorprendida, Lali no pudo encontrar una respuesta con suficiente rapidez—. Estoy segura de que a Pablo le interesará saber que lo has sustituido por otro. Que tengas un buen día.
No había nada que Lali pudiera hacer para que Emilia no le hablara del señor Smith a Pablo. En realidad, no le importaba. Probablemente reforzaría la opinión que tenía de ella, que seguramente no era muy buena. Se marchó a trabajar y, afortunadamente, el día fue muy ajetreado. No tuvo tiempo para pensar. A la hora de la cena, Pablo se presentó en el restaurante. Su actitud rezumaba problemas.
— ¿Te apetece algo de beber? —le preguntó ella, cortésmente
— ¿Quién era el hombre al que tu vecina vio marchándose de tu casa esta mañana temprano?
—No era una vecina, sino tu madre.
Pablo frunció el ceño. Aparentemente, su madre no le había contado su visita. Lali sonrió.
— ¿No te ha dicho ella que vinieras a verme? Una pena. Me ofreció diez mil dólares para que me marchara de la ciudad.
—Eso es mentira.
—Como tú quieras. ¿Qué vas a cenar?
—Mi madre no tiene que pagarte para que te marches de la ciudad. Yo puedo librarme de ti cuando quiera.
— ¿De verdad? Resultaría fascinante ver cómo lo intentas.
— ¿Acaso no me crees? —Preguntó él con una sonrisa muy calculadora—. Por ejemplo, podría comprar la hipoteca de la casa de tu tía.
—La casa no tiene ninguna hipoteca —replicó ella. Efectivamente, Nico la había comprado al contado.
Pablo pareció muy sorprendido.
—En ese caso, podría despedirte.
—Puedo conseguir otro trabajo. Ni siquiera tú puede controlar todos los negocios de esta ciudad. De hecho, podría ir a ver a tus enemigos para que me dieran trabajo.
—Inténtalo.
— ¿Por qué no le preguntas a tu madre por qué quiere que me marche?
—Sé por qué. Cree que tú encontrarás el modo de volver a meterte en mi vida y que volverás a hacerme daño, como lo hiciste hace muchos años. Me engañaste y ayudaste a otro hombre a que me robara.
— ¿Y yo? ¿Acaso no cuenta lo que me hicisteis tu madre y tú?
—Nosotros no te hicimos nada, aunque podríamos haberlo hecho. Te podríamos haber enviado a prisión por robo.
—No lo creo. Un buen abogado hubiera hecho pedazos a Peter. Por cierto, ¿dónde está ahora?
—No lo sé.
—Es una pena. Me gustaba Peter, a pesar de lo que tu madre y él me hicieron.
— ¡Mi madre no te hizo nada!
— ¿Nada? Pregúntaselo a ella. Pregúntale por qué estoy aquí. Por qué no quiero marcharme. Pregúntale la verdad.
—Sé cuál es la verdad —afirmó él, levantándose de la mesa y arrojando la servilleta sobre el mantel—. Esta vez no me encontraras tan vulnerable.
—Ni tú a mí tampoco. Puedes decirle a tu madre que mi precio ahora está más allá de lo que ella puede pagar.
—Ten cuidado —le advirtió él—. Ahora estás en mi terreno. Lucharé hasta ganar.
—En ese caso, es mejor que vayas puliendo tu espada —replicó
Lali—. Esta vez vas a tener que esforzarte un poco más. Buenas noches.
Con eso, Lali se dio la vuelta y se dirigió a la mesa de al lado sin pestañear.
CAPITULO 12:
Aquella noche, Emilia Arrechavaleta no cenó nada. Su entrevista con Lali no había ido tal y como ella esperaba. No había tenido intención de realizar amenazas, pero la joven la había asustado. No se estaba enfrentando a la adolescente asustada de hacía seis años. No. Aquella nueva Lali tenía cualidades desconocidas y, cuando ella no
había podido quebrantar su compostura, le había dicho cosas que jamás había tenido intención de decir.
Había deseado decirle a Lali lo desesperadamente que la había buscado, lo mucho que se había disgustado por sus actos irracionales. No había deseado abandonar a una muchacha joven y embazada. Cuando Lali le devolvió el dinero que ella le había dado, junto con los regalos de Pablo, había tenido aún más miedo. Los familiares de Lali no tenían mucho que darle. La joven, sola y embarazada en una gran ciudad, habría estado a merced de cualquier desconocido que hubiera deseado hacerle daño.
Horrorizada por lo que había hecho, Emilia había contratado detectives privados en un desesperado intento por encontrar a Lali y ocuparse de ella. Sólo pensar que hubiera podido abortar a su nieto o darlo en adopción la torturó durante años.
Todos sus esfuerzos no produjeron ni una sola prueba del paradero de Lali. Parecía que la muchacha había desaparecido de la faz de la tierra. Cuando comprendió que no iba a poder comer nada, apartó el plato. Aquella noche estaba sola, como ocurría frecuentemente. Pablo le había dicho que tenía negocios de los que ocuparse. La actitud de su hijo también había cambiado durante aquellos años. Ya
no era el hijo considerado y cariñoso que había sido antes. La huida de Lali había matado algo dentro de él y lo había convertido en un hombre duro e incluso cruel.
Culpaba a la muchacha, cuando habían sido las manipulaciones de su madre las que habían causado tanto dolor.
Meredith la había acusado de sentirse culpable y, en realidad, así era. Aquella noche en especial sentía el peso de todo lo malo que había hecho. Su hijo había sufrido mucho y, aunque había logrado sobreponerse, no había vuelto a ser el mismo. Ella tampoco lo era. Había causado tanto dolor por entrometerse en lo que no debía...
Pensó en el niño y deseó de todo corazón saber si Lali lo tenía aún. Durante años no había podido dejar de preguntarse si sería feliz, si estaría en manos de personas que lo amarían de corazón. Aquellos pensamientos no le habían dejado tener paz desde que Lali se marchó.
Se levantó de la mesa y se dirigió al salón. Sabía que Lali la odiaba. Se lo merecía. En realidad, no había esperado salir indemne de sus pecados. Nadie conseguía jamás escapar. El castigo podía tardar años, pero la penitencia llegaba tarde o temprano.
Al sentir que se acercaba una tormenta, se echó a temblar. No podía comprar a Lali. No podía intimidarla. Tampoco podía obligarla a marcharse y, si se quedaba, lo más probable era que Pablo terminara sabiendo la verdad.
Cerró los ojos y se echó a temblar. Su hijo la odiaría cuando supiera lo que había hecho. Se acercó a la ventana y contempló el oscurecido horizonte. No podía confesar sus delitos. Aún no. Tenía que esperar, ganar tiempo. Había tanto que Pablo no sabía sobre su pasado, sobre las razones por las que luchaba tan enconadamente por ser una persona respetada. Para eso incluso se había casado con Francisco Arrechavaleta a pesar de que no lo amaba. El hombre del que verdaderamente se había enamorado se había marchado a Vietnam por sus incansables y frías manipulaciones y había muerto allí.
Eso también tenía que cargarlo sobre la conciencia. Había sacrificado el amor de su vida por el deseo de tener riqueza y poder, para rodearse de todas las cosas que pudieran proteger a su hijo de la destructiva infancia que ella había tenido. Nadie sabía lo que ella había tenido que soportar de niña por su madre. Se había
jurado que nadie lo sabría nunca. Sin embargo, lo que le había hecho a Lali, a Pablo, al hombre al que había amado... Su corazón sufría con las heridas que ella misma se había causado.
Tal vez aún tuviera tiempo de librarse de la humillación de que Pablo se enterara de lo que había hecho. Si suplicaba, podría ser que lograra la compasión de Lali y que lograra que ella se marchara de Billings. El daño estaba hecho. El niño se había perdido. Estaba casi segura de que Lali lo había dado en adopción. Lo único que podía hacer era convencerla de que no iba a ganar nada con la venganza.
La rebajaría en su orgullo, pero era lo que se merecía. Había hecho tanto daño por tratar de conseguir que Pablo se casara con la mujer adecuada...
Su necesidad de aceptación social seguramente le había costado la esperanza de tener nietos, porque Pablo se negaba a pensar en el matrimonio. Había perdido el único nieto que había tenido
por su propia arrogancia. Cerró los ojos y se echó a temblar. Sus sueños hechos pedazos. ¡Qué fríos podían llegar a ser los sueños muertos del pasado! Se dio la vuelta muy lentamente y se sentó.
No era muy tarde cuando Lali se marchó del restaurante. Pablo se había marchado inmediatamente después de su breve discusión. ¡Qué estúpida había sido al esperar que él pudiera preguntarle la verdad a su madre, cuando, desde el principio, había creído palabra por palabra lo que Emilia le había dicho! Si sentía algún consuelo, éste provenía de la incertidumbre que sentía Emilia por el destino de su único nieto. Era un placer con regusto amargo, dado que a Lali no le gustaba hacer daño a la gente, ni siquiera a personas como Emilia. Toda esa angustia, todo ese dolor... ¿Por qué? Emilia había deseado que su hijo se casara con una mujer de la alta sociedad y, evidentemente, no lo había conseguido.
Pablo seguía soltero y no mostraba intención alguna de querer casarse. Había en él un frío cinismo que Lali no reconocía, una dureza que cubría completamente la sensibilidad que recordaba.
Como ella, Pablo había cambiado. Sólo Emilia permanecía siendo la misma: fría, arrogante y segura de poder salirse con la suya. No lo conseguiría en aquella ocasión. No pensaba marcharse de la ciudad hasta que Pablo supiera toda la verdad, costara lo que costara. Y, para ese día, ella misma tenía también unas sorpresas para él.
Lali llamó a su despacho en cuanto llegó a la casa de su tía. Trabajar la aliviaba. Tenía que encontrar el punto débil de Pablo.
Había notado que la mayoría de sus ejecutivos comían en el restaurante en el que ella trabajaba. Sonrió ante la ironía. Él
le había dado un trabajo en el mejor lugar para poder espiar sus negocios. ¿Cómo se sentiría cuando lo descubriera?
Durante los días siguientes, se esforzó en ser especialmente cortés con sus ejecutivos y hacerse amiga de ellos. Así, dado el caso, se mostrarían mucho menos cuidadosos con lo que hablaban delante de ella. Por la información que fue adquiriendo, dedujo que uno de sus ejecutivos trabajaba en contra de él y estaba tratando de
obtener que una mayoría de los accionistas votara contra Pablo para echarlo de su propia empresa. Se lo contó a Vico por teléfono la misma noche que se enteró. Él estuvo de acuerdo en tratar de conocer al ejecutivo en cuestión y tratar de labrarse su amistad.
Por su parte, Pablo no había regresado al restaurante desde la noche en la que discutieron, lo que era un alivio. Tampoco lo hizo emilia, por lo que Lali empezó a preguntarse si estaría ocurriendo algo raro.
Mientras tanto, la señora Berta se percató de la especial atención que Lali dedicaba a los ejecutivos, por lo que llamó a su empleada una noche a su despacho para hablar del tema.
—Eres muy buena camarera, Lali —le dijo Berta—, pero no me
gusta que les dediques tanta atención a los empleados de Pablo Arrechavaleta. No sólo no queda bien, sino que quedas en evidencia delante de las otras camareras.
—No sabía que estuviera prestándoles una especial atención, señora Berta — replicó ella, inocentemente—. Me dan muy buenas propinas...
—Entiendo. Bueno, si sólo se trata de eso, lo comprendo. Sin embargo, no debes prestarles tanta atención. No queda bien. No me gustaría tener que despedirte.
—Tendré mucho cuidado de que no vuelva a ocurrir, señora —afirmó Lali, aunque sabía que Berta jamás podría despedirla sin el consentimiento de Pablo.
—Muy bien. Sé lo mucho que dependéis de las propinas que os dan los clientes y realizas muy bien tu trabajo, Lali.
—Gracias.
—Entonces, hasta mañana.
Lali se marchó del restaurante y se dirigió hacia la parada del autobús. Se preguntó qué diría la señora Berta si supiera qué clase de empleada era en realidad.
El viento estaba arreciando y hacía frío. Lali cerró los ojos y aspiró la
fuerza del viento. Hasta que había regresado a Billings, no se había dado cuenta de lo mucho que lo había echado de menos. A pesar de las largas horas de trabajo, aquel empleo como camarera era como unas vacaciones, una válvula de escape a la presión
que estaba poniendo en peligro su salud. Se había recuperado completamente de la neumonía y se sentía más fuerte día a día, tal vez porque había recuperado sus raíces.
Aunque echaba mucho de menos a Ian, le gustaba estar de vuelta en Billings. Mientras estaba esperando el autobús, se detuvo ante la parada un elegante coche gris. Cuando reconoció al conductor, apretó los dientes.

Nico la hizo fuerte,esta vez Emilia ,no ha podido manipularla ,ni causarle miedo.
ResponderEliminarEs Emilia quien tiene miedo a k se descubra lo k hizo con LAli ,y todas las consecuencias k llevo,u además a k se descubra su propio pasado.
Nico la hizo fuerte,esta vez Emilia ,no ha podido manipularla ,ni causarle miedo.
ResponderEliminarEs Emilia quien tiene miedo a k se descubra lo k hizo con LAli ,y todas las consecuencias k llevo,u además a k se descubra su propio pasado.
Quien se detuvo con el coche???? Que traigan a Ian!!!!
ResponderEliminar@ROCHI16TA
Holaaa!! percha!! como estás?
ResponderEliminarpaso rapidito a comentarte ya que me estoy durmiendo! y mañana me tengo que levantarme temprano...
que bronca que l tengo a la madre de pablo!no veo la hora que pablo se entere de toda la verdad!
lo único rescatable de esa mujer es que al menos le interesa el hijo de pablo! ahora de como quiere conseguirlo y de lo demás nada de nada para rescatar un gran Jum para ella! jajaj
Ahora pablo jajajaj ya empezó con las escenas de celos? jaja hay no se porque todavía me da una cosita se que reacciono tarde el pobresito pero en el fondo sabía que no era cierto lo que se decía de ella, .. los celos le segaron.
si bien me gusto la mera en que lali enfrento a la madre de pablo espero que con el no sea tan dura,...
No veo la hora de ver que más pasa entre ellos! será el la persona que esta en el auto ojala siii :) y que no sea cobarde de peter! jum!!
bueno percha solo quería que sepa que estoy al día con tu nove :) y que espero con ansias el próximo cap....
también te quería decir que extraño un montón hablar con vos avísame cuando te podes conectar si ??? ;) te mando un beso!!! que andes super bien :)