sábado, 16 de noviembre de 2013

Capítulo 32: Volveré para Vengarme"



Holaaa chicas espero q esten bien paso rapidisimo a dejarles nuevo capi, esto se pone bueno preparense, bienvenidas las chicas del foro lamentablemente todavia no me deja subir , cualquier cosa les aviso, gracias por comentar siempre leo lo que ponen, besos 

CAPITULO 32

Emilia Arrechavaleta estaba sentada en la cama. Tenía muy mal aspecto. Al ver que Lali entraba por la puerta, se incorporó en la cama.

—Gracias por venir —le dijo—. Por favor, siéntate.

Lali se sentó elegantemente en una de las sillas y levantó la barbilla. Tenía los ojos muy tranquilos.

—¿Qué es lo que quiere? —¿Se lo vas a decir a Pablo? —le preguntó Emilia. —Le dije a él que le dijera que no tiene nada de lo que preocuparse. Y lo digo en serio. No. No se lo voy a decir. Está usted a salvo.

Emilia se sonrojó y se miró las manos, que descansaban sobre la sábana.

— ¿Qué es lo que vas a hacer?

—Nada. Me marcharé a Chicago y usted podrá seguir con su vida.
— ¿Y la absorción?

—Necesito esos contratos —respondió Lali, sin pestañear—. Y los tendré, sea lo que sea lo que tenga que hacer.

Emilia estudió a la joven con intensidad.

—Eres muy fuerte, ¿verdad?

—Sí, gracias a usted —le espetó—. Crecí muy rápidamente cuando tuve que marcharme de Billings. Verme en la calle, embarazada, con sólo dieciocho años me hizo muy fuerte.

—He vivido con eso todos estos años —susurró Emilia—. He visto cómo mi hijo se desmandaba cuando no estaba medio matándose a trabajar. He pensado mucho en ti y me he preocupado por tu hijo. Al final, conseguí olvidar en algunas ocasiones. Estaba... estaba aprendiendo a vivir con ello cuando regresaste.

—Los pecados acaban por pasarnos factura. ¿No es eso lo que se suele decir? —preguntó Lali.

Emilia suspiró.

— Sí. Y los míos definitivamente me la han pasado. Sin embargo, estás haciendo que sea Pablo el que tiene que pagar. Deberías estar castigándome a mí y no a él.

— ¿No es eso lo que he hecho?

—Entiendo —dijo Emilia, apartando la mirada.

—Los pecados de la madre los paga el hijo. La odiaba tanto... Vivía esperando el día en el que pudiera hacerle pagar lo que me había hecho. No pensaba en otra cosa. Cuando Nicolas murió, la venganza se convirtió en la chispa de la vida para mí, en lo más
importante. ¡Me lo debe!

Emilia apretó con fuerza las manos e hizo un gesto de dolor. Lali se detuvo un instante y respiró profundamente para tratar de recuperar la compostura.

—Perdí mi casa, mi seguridad, el único hombre del que he estado enamorada en toda mi vida. Perdí mi honor, mi reputación... ¡Lo perdí todo! Si no hubiera sido por Nicolas Tennison, podría haber perdido la vida.

— ¿Adoptó él al niño? —preguntó emilia.

—Sí. Ian era la luz de su vida. En el certificado de nacimiento de mi hijo, él aparece como su padre — respondió. Se dio cuenta de que aquel documento era su salvavidas contra cualquier intento de los Arrechavaleta por arrebatarle a su hijo—. A todos los efectos, mi hijo es un Tennison —añadió con gesto triunfante—, así que no tiene
que preocuparse de que Pablo pueda descubrir la verdad. No se lo diré. Y usted no tendrá que hacerlo.

—Pensé que eso era lo que yo quería. Evitar que mis pecados quedaran al descubierto —dijo Emilia—. Sin embargo, ¿te has parado a pensar en lo que ellos significan? ¿En lo que le estás negando a Ian?

—No se puede evitar. Es demasiado tarde.

—Pablo... Lo amaría con todo su corazón.

— Sí —susurró Lali con los ojos cerrados.

—Oh, Lali... Pensé que Pablo se olvidaría de ti. Estaba segura de que encontraría otra mujer, se casaría y tendría hijos. No me di cuenta de lo... de lo mucho que te necesitaba emocionalmente.

—En su caso, se trata más bien de atracción física. De obsesión física.

—No —afirmó Emilia—. Ha durado demasiado tiempo para tratarse simplemente de eso. Se le refleja en los ojos cuando te mira, incluso cuando habla sobre ti.

—No lo comprende. Antes de la reunión, vino a mí y habló de su marido para así hacerme comprender que no quiere ninguna clase de compromiso. Me dijo que jamás ha querido estar casado o tener hijos. No cree que la fidelidad pueda existir.

Emilia se quedó atónita.

—Él jamás me ha dicho a mí esas cosas.

—Usted es su madre. La quiere mucho. Siempre la ha querido. Sin embargo, me estaba diciendo la verdad. Yo sólo era una novedad para él. Sabía que yo no encajaba con su estilo de vida y jamás quiso casarse conmigo. En eso tenía usted razón. El compromiso sólo fue una tapadera para evitar que yo lo abandonara.

—Siente algo por ti —insistió Emilia.

— Seguramente, pero yo no lo quiero. No pienso pasarme el resto de mi vida siendo utilizada como si fuera un objeto. Tengo mis propias responsabilidades y un hijo del que ocuparme. No deseo ser la amante de Pablo.

Emilia se sonrojó, pero no apartó la mirada.

— ¿Te casarías con él si mi hijo te lo pidiera?

—No —afirmó Lali, poniéndose de pie—. Él me ha arrojado de su vida en dos ocasiones. No tengo intención de darle la oportunidad de hacerlo en una tercera ocasión.

—Sin embargo, él no lo sabe. Lali, él no sabe que tiene un hijo, lo que yo he hecho...

—Ni lo sabrá. Señora , la venganza es una estupidez. Alguien trató de decírmelo, pero yo me negué a escuchar. Quería vengarme de ustedes dos, pero ahora sólo quiero recuperar mi vida y seguir con ella lo mejor que pueda. Siento haberles puesto las cosas difíciles a usted y a Pablo.

—No me puedo creer que me estés pidiendo perdón después de todo lo que te he hecho.

—Tengo un hijo por el que sería capaz de hacer cualquier cosa para protegerlo, para evitarle sufrimiento. La... la comprendo.

—Sí —suspiró Emilia—. Una madre sería capaz de hacer cualquier sacrificio por su hijo. Pablo era lo único que tenía. Y sigue siéndolo. Tal vez lo quise y lo protegí demasiado. Ahora, mis buenas intenciones me parecen muy egoístas, considerando el precio que él ha tenido que pagar por ellas. Tiene que saber lo del niño, Lali.
Aunque me odie cuando sepa lo que hice. Tiene todo el derecho a saber que tiene un hijo.

—No se lo diré —insistió Lali—. Ya le he dicho que es demasiado tarde. No serviría de nada más que para trastornar la vida de Ian.

—Te puedo llevar a los tribunales —la amenazó Emilia—. Hay pruebas para demostrar la paternidad.

—Sí, pero para realizarlas tienen que contar con mi permiso y no se lo daré. No dejaré que Pablo tenga a mi hijo. Ninguno de los dos quería tener nada que ver conmigo hace seis años. Ahora yo soy la que no desea nada.

— ¿Te parece justo castigar al niño por los errores que cometí yo?

—Usted no es la persona adecuada para hablarme de justicia —le espetó Lali

—Muy bien. Tú puedes hacer lo que quieras, pero se lo voy a contar a Pablo.

Lali sintió que el miedo se apoderaba de ella. No quería admitir lo asustada que se encontraba. Además, aún existía la posibilidad de que Emilia estuviera lanzando un farol.

—Haga lo que quiera.

Emilia dejó escapar un suspiro. — ¿No crees que quiera decirle a mi hijo lo que he hecho con su vida por un amor exagerado? —Le preguntó la mujer—. Yo soy la mala de la película y aceptaré lo que me sobrevenga. Sin embargo, no consentiré que Pablo no sepa que tiene un hijo.

— ¿Y que pasa con Ian? —Preguntó Lali—. ¿No se ha parado a pensar lo que va a hacer con su vida? Él cree que su padre es Nicolas Tennison.

—Ian tiene todo el derecho a saber quién es su verdadero padre, ¿no te parece? Tal vez, si un día descubre la verdad, te odiará por no habérselo dicho.

Lali ya había pensado en aquel detalle.

—No pienso perder a mi hijo.

—Nadie te está pidiendo eso. ¿No te das cuenta de que esto es tan difícil para mí como para ti? Pablo me va a odiar.

—Usted es su madre. No la odiará. Me odiará a mí. Le dará una razón más, aunque no la necesita.

—A ti no te odia tampoco —afirmó Emilia, sorprendentemente.

—No conseguirá la custodia del niño.

—Hablas como si creyeras que él se irá a los tribunales en el momento en el que descubra la verdad sobre Ian. Lali, estoy segura de que mi hijo comprenderá lo que has pasado. No va a culparte de nada. Creo que ya se imagina el daño que te ha hecho. No te lo imagines tan malvado. Aunque sea mi hijo, no es una persona sin
sentimientos. Lali se miró el bolso. De nuevo, se sentía muy insegura, muy joven.

—Ian es lo único que tengo.

Los ojos de Emilia se llenaron de lágrimas.

—Lali...

—Tengo que irme. Yo....

Lali se levantó y salió corriendo de la habitación, dando así a Emilia la victoria en aquella batalla. No tenía fuerzas para seguir luchando.
Emilia  observó cómo se marchaba. No había querido disgustarla tanto. Existía la posibilidad de que se marchara y se llevara a Ian. No sabía lo que hacer. Pablo tenía que saberlo, pero con ello sólo iba a conseguir que Lali sufriera una vez más. Lo sentía. Su actitud hacia Lali había cambiado completamente a lo largo de las últimas semanas. No quería volver a hacer daño a Lali, pero no le quedaba
elección. Tenía que decir la verdad. Si Pablo la odiaba por ello... 

Bueno, eso sería precisamente lo que se merecería. Al menos, conseguiría tener la conciencia tranquila y habría dado un paso para lograr enmendar las cosas. Tomó el teléfono y marcó el número del despacho de Pablo

4 comentarios:

  1. holis =D
    Por un lado quiero que se lo diga, pero por otro quiero que Lali tome a Ian y se vayan los dos

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  2. no se que pensar..no se que decir!! esta Emilia es re alijglsdjglkdjglksdjgl subi pronto!! #loveforPablo

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  3. Uh que intenso XD Las dos tiene un punto. Pablo tiene que saberlo, Ian también y no va a ser fácil para ninguna de las dos, pero va a tener que pasar. Esperemos que Pablito no reaccione muy mal!
    Subi pronto Caro! Besitos

    Dani

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