domingo, 24 de noviembre de 2013

Capítulo 35: "Volveré para Vengarme"




Holaaa chicas espero que esten muy bien y que hayan tenido un lindo finde aunque seguro que para ustedes no termina aun ya que mañana es feriado , para mi fue igual que cualquier finde porque mañana trabajoo :S . pero buenoo, espero que les guste este capi que viene larguito, besos

CAPITULO 35:

—Me temo que sí, señora —contestó el segundo oficial—. Es mejor que venga con nosotros. La llevaremos al hospital.

— ¿Está vivo? Por favor, díganme si está vivo — preguntó frenéticamente. Las lágrimas le corrían por las mejillas mientras tomaba su bolso y seguía a los dos agentes.

—Lo estaba cuando la ambulancia llegó al lugar del accidente, señora. Estoy seguro de que harán todo lo que puedan.

Emilia entró en el coche patrulla. Pablo iba a morir. Aquello también sería culpa suya. Lo había dejado marchar, tras haber hecho pedazos su tranquilidad. ¿Habría tenido razón Lali al decir que era mejor guardar silencio? ¿Habría matado a su propio hijo?

Una retahíla de preguntas la atormentó durante el trayecto al hospital. Entró en Urgencias y permaneció de pie, temblando, mientras la persona responsable de admisiones realizaba preguntas sobre Pablo. Las respondió casi sin pensar, esperando que
alguien le dijera algo sobre su hijo.
El doctor Bryner, el médico que estaba a cargo de su hijo, salió para hablar con ella cinco minutos después. Se sentó a su lado en la sala de espera.

—Pablo está vivo —dijo, aliviando sus peores temores—. Sin embargo, está en estado crítico. Tiene la espina dorsal muy contusionada y heridas internas, además de ligamentos rasgados y daños en los nervios. Ni siquiera sé por completo la complejidad
de sus heridas. Si quiere dejarnos un número de teléfono, la llamaremos en cuanto sepamos algo.

—No me voy a ir a casa. No podría.

— ¿Tiene algún pariente a quien podamos llamar para que venga a estar con usted?

Emilia  negó con la cabeza. Entonces, se dio cuenta de que sí tenía familia. Más o menos. Pablo tenía una familia, aunque acabara de conocer su existencia.

—Sí, sí —respondió.

El señor Smith acababa de meter a Ian en la cama. Lali estaba sentada en la cocina cuando el teléfono empezó a sonar.

—No hagas caso —le dijo él—. Vete a la cama.

— Seguramente es Vico —respondió ella con una sonrisa—. No me puedo permitir ignorarlo —añadió, levantando el auricular—. ¿Sí?

— ¿Lali?

Parecía Emilia.

—Sí —repuso con un cierto tono de curiosidad.

—Lali, ha habido un accidente —le susurró la voz con voz apesadumbrada—. Estoy en el hospital. ¿Puedes venir, por favor?

Lali sintió un peso en el estómago. Se sentó y trató de tomar aire.

— ¿Ha sido Pablo? ¿Ha muerto?

—No —respondió Emilia—, pero... pero está muy grave. Por favor, ¿puedes venir?

—Estaré allí dentro de cinco minutos —dijo Lali. Rápidamente colgó el teléfono—. Es Pablo. Ha tenido un accidente.

—Vestiré a Ian y te llevaremos. No hay discusión — añadió el señor Smith cuando vio su gesto—. Toma un abrigo.

Lali obedeció automáticamente, dejando que el señor Smith se hiciera cargo como siempre ocurría si las emergencias. Casi sin que se diera cuenta, él los sabía llevado al hospital. Allí, en la sala de espera, estaba una llorosa Emilia esperando noticias.

Lali dejó a Ian  a cargo del señor Smith mientras ella se sentaba al lado de Emilia.

— Dime lo que ha ocurrido —le pidió. Entonces, muy pálida, escuchó todos los detalles.

—Tenías razón. No se lo debería haber dicho — susurró Emilia muy triste—. No quise escucharte... ¡Mi hijo se va a morir y eso también va a ser culpa mía!

—No digas eso. No se va a morir —afirmó Lali.

—Está tan mal herido...

Lali se levantó y pidió hablar con el médico.

—Soy el doctor Bryner —le dijo el médico, presentándose mientras le daba la mano—. ¿Es usted amiga del señor Arrechavaleta, señora Tennison?

—Una amiga de muchos años —replicó ella—. ¿Qué se puede hacer?

El médico le dio una explicación abreviada de las lesiones que sufría Pablo y los resultados que habían dado las primeras pruebas, que eran mucho peores de lo que había imaginado en un principio.

— Se necesita operar inmediatamente, antes de que su estado se deteriore. Tenemos un cirujano ortopédico, pero a él le parece que lo que el señor Harden necesita es un neurocirujano.

— ¿Quién es el mejor especialista en ese campo?

—El doctor Miles Danbury, de la clínica Mayo.

— ¿Puede conseguir que venga él a operarlo?

—Si usted se puede permitir sus honorarios y conseguirme un avión privado, sí.

—Llámelo ahora mismo.

Lali  reflexionó sobre la importancia de lo que el dinero y las influencias pueden conseguir. En pocos minutos, Danbury había accedido a hacerse cargo del caso y Lali lo había organizado todo para que un avión de Tennison fuera a recogerlo para transportarlo a Billings.

—Acaba de mejorar sus posibilidades de volver a andar en un setenta por ciento —dijo el doctor Bryner.

—Lo que necesite. Lo que sea, doctor —afirmó Lali—. El dinero no es un problema.

—La mantendremos informada. ¿Estará usted con la señora Arrechavaleta?

—Sí. Gracias.

Emilia había contemplado la escena con un profundo asombro en los ojos.

—Eres muy eficiente —dijo la mujer—. Yo... yo no habría sabido qué hacer.

—Estoy acostumbrada a tener que organizar las cosas —respondió Lali—. Se trata simplemente de hacer lo que hay que hacer.

—Yo habría podido pagar los honorarios, pero lo del avión privado... Por supuesto, te lo pagaremos todo —añadió con frío orgullo.

—Pablo es el padre de mi hijo —replicó Lali, igual de tensa—. Yo tengo tanta culpa como tú en ese accidente.

—Estaba furioso conmigo —susurró -Emilia con tristeza—. No lo culpo. Sin embargo, tal vez no quiera volverme a hablar.

—Estoy segura de que lo superará con el tiempo — afirmó Lali—. Yo estoy en el mismo barco que tú. No sólo le he ocultado la existencia de su hijo, sino que también he tratado de despojarle de su empresa. Creo que, en puntos, tengo algunos más que tú.

—Si se pone bien, no me importará que me odie — susurró Emilia con una sonrisa.

— A mí tampoco —admitió Lali.

En aquel momento, Ian se le acercó y le colocó la mejilla sobre el regazo.

—Mamá, quiero irme a casa —musitó.

—El señor Smith te llevará, tesoro —dijo ella suavemente, besándole la cabeza.

—No, el señor Smith no puede —musitó el guardaespaldas— ¿Cómo si no vas a regresar tú a casa?

—No me voy a marchar hasta que termine todo esto —afirmó Lali —. Estaré aquí mientras dure. Llévate a Ian y acuéstalo y duerme tú también un poco. Tendrás que cuidarlo mientras yo no esté a su lado.

— ¡No puedes quedarte en una sala de espera toda la noche! —explotó el señor Smith.

—Claro que puedo —le espetó Lali—. No me voy a marchar hasta que no sepa cómo está. Hasta que no sepa que se va a poner bien.

— ¡Mujeres! —bufó el guardaespaldas.

— ¡Hombres! —Replicó ella—.Márchate.

—Muy bien —suspiró él—. Espero que todo vaya bien.

—Y yo también —observó Lali. Entonces, abrazó a Ian y le dio un beso en la mejilla, consciente del modo en el que Emilia estaba mirando al niño—. Que duermas bien, mi cielo. Mamá estará en casa por la mañana, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —repitió el niño. Entonces, dejó que el señor Smith lo tomara en brazos y se lo llevara.

—Es un niño precioso —dijo Emilia, suavemente.

— Sí. Por dentro y por fuera. Tampoco está mimado —añadió—. No tiene juguetes carísimos ni ropas de diseño ni lujos que yo considere innecesarios. Quiero que crezca comprendiendo que el dinero no lo puede comprar todo.

—Bien hecho —replicó Emilia—. Ojalá alguien me lo hubiera dicho a mí cuando era más joven. Acabo de darme cuenta de la maldición que puede suponer el dinero.

—O, en este caso, una bendición —dijo Lali, pensando en las posibilidades que Pablo tenía por su dinero.

— Se pondrá bien, ¿verdad? —preguntó Emilia, muy preocupada—. ¿Crees que sobrevivirá?

—Por supuesto que sí —afirmó Lali con firmeza.

Permanecieron sentadas en silencio, tomando café y hablando sin ganas. Horas más tarde, casi al amanecer, llegó el neurocirujano. Como había dormido en el avión, estaba completamente despejado. Le dio la mano a Lali y a Emilia y se fue directamente para hablar con el doctor Bryner sobre el caso. Menos de dos horas
después, llevaron a Pablo al quirófano. 
Estaba sometido a sedación profunda. Sólo se había despertado durante unos segundos, pero había estado demasiado dolorido como para poder hablar. Al verlo tan magullado y herido, Emilia no había podido contener las lágrimas. Lali había tenido que contenerse para no llorar. Tenía que ser fuerte.

Sin poder evitarlo, recordó el día en el que murió Nicolas. Permaneció mirando por la ventana, sumida en sus recuerdos.
Había estado lloviendo. Estaba sentada al lado de la cama de Ian, porque el niño tenía un ligero resfriado y estaba preocupada por él. No había dejado de pensar en la dulzura de los momentos vividos la noche anterior. Por una vez, Pablo no había ocupado sus pensamientos y se había dado cuenta de la suerte que tenía de
tener a alguien como Nico para que cuidara de ella. Hacía ya tres años que se había marchado de Billings, casi tres años desde que Nico y ella se casaron. Había aceptado ya el hecho de que no volvería a ver a Pablo y que su única lealtad estaba al lado
de Nicolas. 

Estaba tratando de sacar lo mejor de su situación, pero ya no era tan difícilcomo había imaginado. No había pensado en Pablo durante una noche entera. Aquel hecho, le había dado esperanza de que al fin podría encontrar la felicidad con Nicolas. Cuando el teléfono empezó a sonar, sonrió. Seguramente era Nico, que la llamaba desde el aeropuerto para despedirse de ella. Dejó a Ian jugando en la cama y echó a correr hacia su dormitorio para contestar el teléfono.
La voz que le habló desde el otro lado de la línea de teléfono era Vico. No quiso hablar con ella. Le pidió que le dijera al señor Smith que se pusiera al aparato. Atónita, Lali llamó a su guardaespaldas y esperó mientras el rostro estoico del señor Smith reflejaba primero sorpresa y luego pena. Colgó. Como si hubiera ocurrido el día anterior, Lali recordó con todo detalle la secuencia que se produjo a continuación.

—Siéntate —le había dicho el señor Smith. Entonces, se arrodilló ante ella y le tomó las manos entre las suyas—. Sé fuerte. El avión de Nicolas acaba de estrellarse. Ha muerto.

Al principio, no había logrado comprender las palabras. Se había quedado mirando fijamente al señor Smith.

— ¿Que se ha muerto?

—Sí, Mar. Lo siento mucho...

En aquel momento, la angustia la sumió en un mundo de insensibilidad absoluta. Empezó a gritar cuando por fin consiguió darse cuenta de lo que había ocurrido. El señor Smith la tomó entre sus brazos y trató de calmar su pena. Ella estuvo llorando hasta que estuvo completamente agotada. Entonces, el señor Smith la llevó a la cama y la arropó como si fuera una niña, dejándola tan sólo el tiempo suficiente para ir a llamar al médico y comprobar cómo estaba Ian.

Los largos y terribles días que se produjeron a continuación fueron como una pesadilla. Vico y el señor Smith la apoyaron constantemente hasta el día del entierro y el de la lectura del testamento. Ni siquiera eso le produjo una gran impresión. Había
perdido a Nico justo cuando estaba empezando a amarlo. No le parecía justo. Tenía la impresión de que su vida estaba destinada a no ser otra cosa más que una interminable tragedia. Y, ya en el presente, existía la posibilidad de que perdiera también a Pablo.

Emilia le tocó suavemente el brazo y, cuando ella se dio la vuelta, la mirada que vio en sus ojos la asustó.

— ¿Te encuentras bien? —le preguntó suavemente.

—Estaba recordando el día en el que murió Nicolas. Me sentía... así. No creo que pueda seguir viviendo si Pablo muere —susurró, mirando a Emilia con ojos asustados.

Emilia leyó en su mirada la profundidad de sus sentimientos y no supo qué decir. Amaba a su hijo, pero hacía una eternidad desde la última vez que había amado a un hombre. Su esposo le había hecho tanto daño... Sin embargo, no le había importado nunca, no como el otro hombre... Sus rasgos se suavizaron al recordar el adorado rostro oscuro que aún turbaba sus sueños. Ella había amado también en una ocasión  con toda la pasión que Lali sentía por Pablo y comprendía perfectamente cómo se sentía.

—Saldrá adelante —le dijo—. Lo sé.

Lali respiró profundamente y desvió la mirada. Se sentía algo avergonzada. No confiaba mucho en Emiliay temía haber revelado demasiado sobre sí misma. Regresó a su asiento y tomó la taza de café. Estaba frío, pero el gusto amargo la reanimó un poco. No podía ceder ante la debilidad. Tenía que ser fuerte por el bien de Ian.

No se permitiría pensar sobre cómo sería la vida si Pablo moría en el quirófano. Su orgullo, su venganza, su necesidad de devolverle el sufrimiento que él le había causado... Todo pasó a un segundo plano. El pasado no importaba cuando el presente podría arrebatarle al único hombre que había querido de verdad. No se atrevía a pensar en el futuro. Si Pablo moría, ni siquiera lo tendría.

La operación duró varias horas. La falta de sueño finalmente arrastró a Lali a un estado de semiinconsciencia. Tuvo unos sueños alocados y turbadores. Finalmente, una mano la sacudió suavemente.

—Lali, ha salido del quirófano —le dijo Emilia. Tenía los ojos muy brillantes y estaba sonriendo—. ¡Todo ha ido muy bien!

—Oh, gracias a Dios —exclamó Lali, ocultándose el rostro entre las manos. Tuvo que esforzarse para contener las lágrimas—. Gracias a Dios.

Emilia a se sentó a su lado. Tenía los ojos enrojecidos y el rostro agotado.

—No podremos verlo hasta que salga de la sala de reanimación, pero el doctor Danbury dice que está casi seguro de haber arreglado la mayor partes de los daños. Al menos, Pablo no quedará paralizado por completo.

Lali se puso en pie lentamente. Al asimilar aquel último comentario, abrió mucho los ojos.

— ¿Qué quieres decir con eso de «por completo»?

2 comentarios:

  1. nooo cap triste y mucho mas con la posibilidad de Pablo de quear inmovilizado en parte de su cuerpo... por lo menos sabes q sobrevivio ahora quiero masssss nove para ver como sigue!!!! Besos q estes bien!!!!

    ResponderEliminar
  2. Jajajaja,k necesitará cuidados ,espero k sea LAli quien se los de.

    ResponderEliminar