Hellooo paso rapidisimo a dejarles capi, espero que les guste gracias por leer y comentar geniass, besotes
—No. Pero a esa hora va a conectarse, y haremos una video conferencia con él.
—¿Qué hora es? –preguntó Lali.
Pero en su corazón ya latía una respuesta. Era demasiado tarde….
—Buenas tardes a todos... Quisiera decirles que los extrañé, pero la verdad es que no he tenido tiempo, porque he estado muy ocupado...
—¡Lo imagino! –dijo Benja con picardía— De seguro allí en Washington te has vuelto a encontrar con algunas viejas amigas..., y dudo que te hayas levantado de la cama ni para comer.
—Algo así –respondió su jefe.
Y a pesar del delay en la comunicación, pudo notarse como, desde el otro lado del mundo, Pablo recorría con la mirada la sala de la redacción. Maca se apuró a acaparar la cámara, mientras Lali, en cambio, se escondía detrás de Benja.
—Bueno –dijo Pablo al fin—, ante todo quisiera felicitarlos. Vi los dos programas, y la revista... Tal parece que no me necesitan. Todo ha resultado impecable.
—Fue el trabajo de equipo –se apuró a decir Benja, para ocultar el hecho que, desde que Lali estaba al mando, él la dejaba hacer también su parte.
—Lo que fuera, sigan así... Lo único que me preocupa, aparte de la cara de Maca, es...
—¿Lo notaste, Pablo? –preguntó la muchacha, esperanzada.
Pero la respuesta, como todas las otras, tardó un tiempo eterno en llegar.
—He estado viendo las últimas encuestas acerca de los lectores de la revista.
—¿No se me ve mejor? –insistió Maca.
—Hemos aumentado la tirada... –se ufanó Agus—. Somos la publicación política más comprada del mercado.
—Eso es por las elecciones que se aproximan... Mi programa también subió el encendido.
—¿“Tu” programa, Benja? –se enojó Maca.
—Lo que me preocupa —continuó Pablo—, es que nuestro público lector se ubica en la franja del varón, mayor de cuarenta años... No entiendo por qué, si nosotrossomos más jóvenes que eso, atraemos sólo a ese segmento de la población, y cómo, si tenemos tanta presencia femenina en nuestro equipo, no podemos interesar también a las mujeres con nuestras notas.
—Mi público es esencialmente femenino –se vanaglorió Benja.
—Necesito ideas para acercar a las mujeres jóvenes a nuestra revista.
—Podemos hacer una nota sobre celulitis... Está comprobado que toda las publicaciones que tienen la palabra celulitis en la portada, venden un...
—Un montón más, todos lo sabemos, Maca. Pero intentamos acercar a las mujeres, no alejar a los varones. Como editor, me niego a una locura semejante.
—¿Y qué sugerís vos, Agus?... –le respondió Maca con enojo— No te escucho aportando ideas.
Los dos se miraron enfrentados, pero Pablo continuó, como si no los escuchara.
—De seguro las damas de la reunión podrán hacer algún artículo para el próximo número. ¿Alguna idea?... ¿Es la demora, o no están hablando?... No las escucho.
—Yo podría hacer un especial sobre cirugías estéticas..Los pro, las contras...
—Y usamos fotos de tu rostro para ilustrar los desastres, ¿qué te parece, Maca? –se ensañó Benja.
—A mí me parece bien... –se escuchó decir desde la pantalla—. Lo del artículo, no lo de las fotos, por supuesto
—¿Y vos que harás, Lali? –preguntó Maca, con insidia.
—Yo... –comenzó a decir la muchacha.
Pero la voz de Pablo la interrumpió.
—Ah... Estás allí... Hola, Lali.
Y aquel saludo reverberó hasta en el último rincón de su intimidad. Por un segundo la joven pudo sentir otra vez el sexo caliente de él, penetrando en su carne. ¿Cómo hacían los demás?... ¿Por qué los otros podían compartir su vida diaria con antiguos maridos, o viejos amantes, sin que esto los influyera? Ella, en cambio... Ella tendría que sobreponerse.
—Yo... pensé... Hay un programa en MTV...
—¿Vas a hacer la crítica de un programa? –se burló Maca.
—Es sobre una muchacha que sale con dos chicos a un tiempo, y que al final, tiene que elegir a uno.
—¡Qué original!... –murmuró su contrincante— Hay miles de esos programas en televisión.
—Pero en este, los chicos responden preguntas, sin saber que están siendo monitoreados por un detector de mentiras.
—¿Y cómo los conectan sin que se den cuenta? ¿Son tarados? –se interesó Agus.
—¡Yo lo vi!... –la apoyó Benja—. No hay cables. Es por un detector de voz.
—En una camioneta cercana hay una amiga de la muchacha que va chequeando cada una de las respuestas de los chicos, y que, cuando mienten, se lo comunica de inmediato a su amiga por un micrófono que la otra lleva oculta en el oído.
—¡Si hubiera tenido eso cuando lo conocí a Enrique, hoy no me estaría divorciando!
—No creas, Maca –explicó lali—. ¡Eso es lo extraño de este programa!... A pesar de que la muchacha sabe lo que está ocurriendo, invariablemente al final se queda con el mentiroso.
—¿Siempre? –se extrañó Agus.
—Sólo vi tres episodios... Pero en esos tres fue así.
—Creí que habías dicho que no veías “RLP” porque no tenías televisor, Lali –acotó Pablo, sin molestarse en ocultar su enojo.
—Es de Rochi –se excusó la joven. Y, mirando a sus compañeros, explicó –Rochi es la muchacha que vive conmigo.
Sus colegas se miraron unos a otros y sonrieron con suspicacia, pero Lali sólo se limitó a continuar.
—Creo que sería interesante hacer una nota acerca de esa extraña compulsión que tienen las mujeres por elegir a un mentiroso, aunque sepan que lo es. Mujeres que son apaleadas una y otra vez por su pareja, pero que siempre lo perdonan cuando les promete cambiar. Mujeres que le roban el marido a la amiga, sólo para descubrir que tiene todos esos defectos que ya conocían de sobra. Mujeres que escuchan arrobadas las palabras de amor que un seductor les dice al oído, sin que el tipo se moleste en disimular que simplemente las repite de memoria, como si fueran los versos del himno nacional. Del otro lado de la pantalla, Pablo escuchaba ensilencio.
—¡Tampoco es justo condenar a nadie por eso! –se quejó Benja—. Decir una que otra mentira en una cita es socialmente aceptable... Me parece mal que ahora se critique al hombre por ser hombre...
—Sobre todo porque si alguien se tomara el trabajo de conectarte a vos a un detector de mentiras, el maldito aparato no dejaría de sonar en toda la noche –se burló Agus.
—¡Miren quién habla!... –se defendió el otro— ¿O vas a negar que mientes cuando te conviene? Incluso recién, sólo le dijiste a Maca que estaba bella, porque te mueres por llevártela a la cama.
Los ojos de la muchacha se iluminaron.
—¡Los hombres somos así! –concluyó Benja.
—Eso lo entiendo –dijo Lali—. Quieren algo, y no tienen escrúpulos para obtenerlo. Lo que no entiendo es por qué las mujeres nos dejamos engañar, y, a pesar de lo que dicta nuestra razón, caemos invariablemente en sus redes.
—¡Ay, queridita! –se burló Maca— Porque ellos tienen lo que a nosotras nos falta. Y, bien usada, esa pequeña parte de su anatomía puede mover montañas...
Lali enrojeció, pero no dejó de contestar.
—Me resisto a pensar que todo se reduce a obtener los mismos beneficios que se podrían tener con un pequeño aparato, y algunas baterías... No... A mí más bien meparece que es porque nosotras tenemos algo que a ellos les falta.
—¿Qué ?
—Sentimientos.
Desde la pantalla, y aún a pesar de la demora, pudo escucharse de inmediato la voz enojada de Pablo.
—El problema, en tal caso, no es del hombre, sino de la mujer, que percibe la realidad que quiere, y no la que es. Ustedes son muy complicadas, y a pesar de lo que dicen, no son capaces de asomarse a la esencia del otro... Nosotros, en cambio, somos simples. Nos guiamos por instinto, y ni bien sentimos que la persona que tenemos enfrente quiere lo mismo que nosotros, intentamos obtenerlo por la vía más fácil y rápida...
—Aunque haya que mentir –le replicó Lali, mirando por primera vez hacia la pantalla.
—Aunque haya que engañarla, para hacerla superar sus propias trampas.
—Aunque quizás sean esas “trampas” lo que separa a un ser racional y espiritual, de un simple animal.
—¿De qué estamos hablando? –preguntó Benja, confundido –Me perdí en la parte en que decían que nosotros tenemos esos veinte centímetros que a ustedes les faltan.
—¡¿Veinte centímetros?! –replicó de inmediato Maca— ¡Vamos, estúpido! ¡¿A quién quiere engañar?! ¡Yo te conozco!... ¡No!... Lo que a ustedes les sobra es vanidad.
—Pues bien que te gustó la mía, cuando estuvimos juntos –se defendió el imputado.
Lali, en cambio, continuó sin escucharlos.
—Recolectaría algunas historias reales...
—Si eso es lo que buscas, yo te puedo aportar las mías – la enfrentó Agus, para sorpresa de todos. No se estaba burlando. Antes bien, sus palabras parecían surgir del fondo de un desengaño—. Las mujeres también tienen lo suyo. A mentirosas nadie les gana. Nosotros, aún cuando mentimos, somos más idiotas, más transparentes... Sí, es cierto, yo también he jurado amor una y mil veces sin sentirlo... Pero nunca engañé a la chica. Son palabras dichas en el fragor de la batalla, que nadie se cree del todo. En cambio ustedes... Ustedes engañan con los sentimientos. Ustedes atrapan, y arrasan de una forma cruel. Destruyen, sin importarles lo que queda del otro.
Los presentes se miraron sorprendidos. Nunca antes habían escuchado a aquel varón generalmente esquivo, hablar de una forma tan sincera y dolida.
Y fue cuestión de hacerlo, para que Lali entendiera que quizás aquello de la mentira no se trataba tanto de una cuestión de sexo, sino más bien de víctima y victimario. Como si pudiera leer su mente, Pablo acotó.
—Me parece mal que lo limites a “hombres contra mujeres”. Los argentinos como nación, por ejemplo, tenemos un largo historial de políticos mentirosos, que una y otra vez nos seducen, para dejarnos luego abandonados. Desde la resignación del “Con todo y ladrón lo queremos a Perón”, de mediados del siglo pasado, hasta el “Síganme, no los voy a defraudar”, pasando por tantos otros... ¡Y los que nos faltan!... Sí... Así reformulado, me parece que el tuyo puede ser un artículo interesante.
—¿Y el mío, de cirugía estética? –se apuró a protestar Maca.
—Haz el tuyo también... Y que Agus te ayude.
—¿Yo?
—¿Agus?
Se quejaron ambos, al unísono.
—Creo que los dos pueden colaborar muy bien juntos, y quizás obtener una nueva visión –insistió Pablo.
—Pero no entiendo, Pablo. Ella está en el programa, y yo en la revista. ¿Qué es lo que quieres?
—Una nota que sirva para todo –explicó su jefe, mientras sonreía de aquella forma encantadora, que hacía sospechar que algo se traía entre manos—. Bueno... Yahora me despido. Tengo muchas cosas que hacer... Nos vemos mañana.
—¡¿Cómo “mañana”?! –saltó Lali.
—Sí, a las tres de la tarde, hora local. ¿Te molesta?
—No... Pero pensé que...
—Entonces, buenas noches a todos... Buenas noches, Lali.
¿Había sido idea de ella, o Pablo había pronunciado aquel saludo final de una forma distinta, más íntima?
Lali observó a todos los presentes, que ya estaban ocupados en otra cosa. No. Sólo había sido idea suya.

Se tiraron la puyita delante d todos y estos ni se enteraron.Agus y Maca?,jajaja lo k puede salir d ahi.Imaginaciones?,no Lalita esta siendo sutil y directo.
ResponderEliminarjajaja Pablo y Lali son lo mas... amo sus personalidades... se tiran palitos que por poco y no son arboles... jajaja
ResponderEliminarY me da la impresion de que Pablo algo estatramando por como hablo con Lali y como se despidio de ella... es intrigante la situacion... ya quiero el proximo cap...!!!
Y en cuanto a Maca es muy muy patetica la pobre chica tanto critico a Lali por su aspecto fisico y ella esta cambiando el suyo ahora para parecerse a ella!!!
Me encantaaaaa a la nove..!!! Espero q subas pronto y q estes teniendo muchos muchos exitos en tus examenes!!!
Besos!!!!